Lo que ha sucedido con el aeropuerto de Tulum, construido el sexenio pasado con una inversión de 19 mil millones de pesos, es producto de un mal diseño de política de conectividad aérea. Ese aeropuerto es servido por nueve aerolíneas: cuatro nacionales y cinco internacionales, pero ante la caída en la demanda de viajeros se salieron “temporalmente” Aeroméxico y Volaris, mientras que American Airlines anunció su salida a partir de enero.
Lo mismo ha ocurrido con el aeropuerto de Chetumal, al cual se destinaron casi 60 millones de pesos para su remodelación.
Los dos los administra la Sedena y forman parte estratégica de la inversión en infraestructura, y en el índice de competitividad del WEF, pero en pocos casos se ha incentivado la inversión mixta y, en los casos exitosos, la ecuación en materia de ingresos, apoyado en la recaudación del TUA por parte de las aerolíneas, se ha vuelto un punto de fricción constante entre aerolíneas y concesionarios de aeropuertos.
La SICT estima inversiones mixtas por alrededor de 136 mil millones de pesos durante esta administración para ampliar y modernizar la infraestructura aeroportuaria.
Aeropuertos y aerolíneas pertenecen a la misma cadena de transporte, pero funcionan bajo estructuras económicas distintas. Las aerolíneas asignan su capacidad (aviones y asientos) entre los mercados que sirven y, no sólo esta labor depende de sus compromisos financieros y operativos, sino del comportamiento de los mercados y de decisiones regulatorias que introducen subsidios en parte de la cadena.
Un aeropuerto concentra capital en infraestructura fija como pistas, terminales, plataformas y sistemas que requieren inversión anticipada y tienen horizontes de planeación de entre 15 y 20 años, incluso cuando disminuye el tráfico.
Tulum no tiene la capacidad de administrar flujos de llegada del turismo. Me hicieron llegar un estudio de Games Economics, dirigida por Alexander Elbittar, sobre el sector aéreo mexicano, el que analizó el desempeño de ASUR, GAP y OMA. Éste lo comparó con el de las aerolíneas y debo decir que, en este último caso, no consideró el impacto que tiene la fluctuación del combustible en los boletos, un tema crucial en el desempeño operativo o el impacto del DNR, que juega en contra del destino México.
Su planteamiento parte de que, en una industria intensiva en capital, observar únicamente el margen operativo resulta insuficiente. Hay que comparar cuánto genera el capital comprometido en el negocio con cuánto cuesta financiarlo y de dónde proceden sus flujos.
En la comparación de largo plazo presentada para 2006-2024, los grupos aeroportuarios registraron en conjunto un retorno sobre capital invertido cercano a 14.9%, frente a un costo de capital de aproximadamente 10.9 por ciento. La diferencia fue de 3.9 puntos, por debajo de la observada en empresas como Walmex, con 8.5 puntos, o América Móvil, con 5.3 puntos.
El resultado tampoco parece una excepción mexicana. El análisis para Reino Unido, Australia y Europa, así como la información global de Airports Council International, muestran diferenciales de aproximadamente cero a cinco puntos porcentuales sobre el costo de capital. México se encuentra dentro de ese rango.
Este análisis tampoco reduce la exigencia sobre los concesionarios. La evaluación financiera debe acompañarse de una revisión del cumplimiento de las inversiones comprometidas (en tiempo, forma y capacidad de construcción para no alterar el funcionamiento del flujo) y de sus resultados en capacidad, calidad de servicio y experiencia del pasajero.
DE FONDOS A FONDO
#Canirac... En la Junta de la Comisión Ejecutiva de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), celebrada ayer en Guadalajara, la sucesión de febrero de 2027 fue uno de los temas sobre la mesa. La única candidatura presentada fue la de Jack Sourasky Olmos, presidente de la cámara en la Ciudad de México, por lo que todo apunta a que llegará por unidad a la dirigencia nacional. Sourasky Olmos encabeza Urban Fork Group, que opera, entre otros establecimientos, Tori Tori y Ladurée. Si no hay cambios en el menú, el relevo parece servido.
