Sin maquillaje / arlamont@msn.com.mx / 2 de septiembre de 2025
CARNE ¿Qué país consume más carne en el mundo? ¿Cómo andamos en México? Argentina lidera el consumo mundial de carne de res, con un promedio anual de 46 kg por persona. Le siguen Estados Unidos 38 kg, Brasil 34.6 kg, Israel 36.1 kg y otros países como ...
CARNE
¿Qué país consume más carne en el mundo? ¿Cómo andamos en México?
Argentina lidera el consumo mundial de carne de res, con un promedio anual de 46 kg por persona. Le siguen Estados Unidos (38 kg), Brasil (34.6 kg), Israel (36.1 kg) y otros países como Canadá, Australia y Chile, todos con cifras superiores al promedio global de apenas 6 kg por persona.
México, con 15.7 kg de carne de res per cápita en 2023, se ubica por debajo de los grandes consumidores, pero por encima del promedio mundial. Se estima que alcanzará los 16 kg hacia 2033. En contraste, países como la República Democrática del Congo y Polonia registran los niveles más bajos.
En cuanto a carne de cerdo, Croacia encabeza el ranking con 59.1 kg por persona. México consume 9.37 kg, proyectando un aumento a 15.7 kg en la próxima década. El pollo, sin embargo, domina el panorama mexicano: 38.3 kg por persona en 2023, con una proyección de 43.8 kg para 2033.
Este patrón revela una transición alimentaria en México, en la que el pollo se consolida como la proteína principal, seguido por el cerdo y la res. La tendencia responde tanto a factores económicos como nutricionales, y refleja una demanda creciente por carnes más accesibles y versátiles.
A nivel global, el consumo de pollo también va en ascenso, mientras que la carne de cerdo mantiene su relevancia en Europa. Estos datos ofrecen una radiografía del apetito cárnico mundial y sus implicaciones culturales y económicas.
PEMEX, parte II
Las causas estructurales del déficit crónico de Pemex: la situación financiera de Pemex no se explica sólo por el mercado petrolero. Sus déficits persistentes responden a una combinación de factores estructurales que han debilitado su operación durante años.
Ineficiencias operativas: las refinerías de Pemex pierden en promedio nueve dólares por barril, mientras que sus pares latinoamericanos ganan entre dos y cinco dólares. La falta de modernización y reformas han perpetuado estas pérdidas..
Retrasos en pagos a proveedores: la deuda con contratistas supera los 20 mil millones de dólares, lo que amenaza con paralizar operaciones y daña la salud financiera de sus socios estratégicos.
Altas cargas fiscales: Pemex enfrenta múltiples impuestos y obligaciones impuestas por el Estado, lo que reduce su rentabilidad. A pesar de ser fuente clave de ingresos para el gobierno, esta presión fiscal limita su capacidad de reinversión.
Volatilidad financiera: la depreciación del peso frente al dólar y las pérdidas en instrumentos financieros han elevado los costos operativos y afectado los resultados contables.
Entorno político restrictivo: las políticas públicas recientes han incrementado el control estatal, reduciendo la participación privada y dificultando la planificación a largo plazo. Esto ha exacerbado los desafíos operativos y financieros.
Estos factores hacen que Pemex sea una excepción entre las petroleras estatales. Mientras otras generan riqueza nacional, Pemex requiere apoyo constante del erario público. Su caso plantea preguntas urgentes sobre sostenibilidad, eficiencia y el papel del Estado en sectores estratégicos.
El caso de Pemex exige una reflexión seria y desideologizada. Más allá de vender o rentar, el verdadero reto está en transformar su modelo operativo, abrir espacios a la inversión estratégica y redefinir su papel en un entorno energético global cada vez más competitivo.
México no necesita renunciar a su soberanía energética, pero sí repensar cómo ejercerla con eficacia, transparencia y visión de futuro..
