Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 29 de agosto de 2025

EL ALCOHOL Y EL CÁNCER¿Existen estudios serios que hayan comprobado directamente el efecto de beber alcohol con el cáncer? R. Sí, sí los hay, y le comparto que el consumo de alcohol está vinculado directamente con un mayor riesgo de desarrollar, al menos, siete ...

  • EL ALCOHOL Y EL CÁNCER

¿Existen estudios serios que hayan comprobado directamente el efecto de beber alcohol con el cáncer?

R. Sí, sí los hay, y le comparto que el consumo de alcohol está vinculado directamente con un mayor riesgo de desarrollar, al menos, siete tipos de cáncer, sin importar el tipo de bebida alcohólica (cerveza, vino o licor). El riesgo aumenta con la cantidad consumida. Los cánceres relacionados con el alcohol son:

Cáncer de boca.

Cáncer de garganta.

Cáncer de laringe.

Cáncer de esófago.

Cáncer de hígado.

Cáncer colorrectal.

Cáncer de mama (principalmente en mujeres).

El alcohol aumenta el riesgo de cáncer a través de varios mecanismos:

Primero, al metabolizarse, el alcohol se convierte en acetaldehído, una sustancia tóxica que puede dañar el ADN y favorecer el desarrollo de células cancerosas.

Segundo, el alcohol eleva los niveles de ciertas hormonas, como el estrógeno, lo que puede aumentar el riesgo de cáncer de mama.

Tercero, interfiere en la absorción de nutrientes esenciales como el folato, lo que puede debilitar las defensas del cuerpo contra el cáncer.

Además, irrita e inflama los tejidos que toca directamente, como la boca o garganta, haciendo estos tejidos más vulnerables.

Por último, el alcohol aporta muchas calorías, lo que puede contribuir al aumento de peso y, a su vez, aumentar el riesgo de varios tipos de cáncer.

Hago énfasis en que el riesgo aumenta con la cantidad consumida.

  • EL PERFECCIONISMO

Señor La Mont, ¿no ha notado usted una tendencia, especialmente en las generaciones más jóvenes, hacia el perfeccionismo? ¿A qué se debe?

R. En nuestro país, el perfeccionismo ha dejado de ser una cualidad admirada para convertirse en una presión silenciosa que afecta a jóvenes, profesionistas y estudiantes por igual. Esta “epidemia” no se trata sólo de querer hacer las cosas bien, sino de sentir que cualquier error equivale al fracaso.

Las redes sociales han amplificado esta ansiedad. En plataformas como Instagram o TikTok, la vida se muestra como una vitrina de logros y cuerpos ideales. Para muchos, especialmente en contextos urbanos, esto genera una necesidad constante de validación externa.

En el ámbito educativo, el énfasis en resultados sobre procesos ha llevado a que los estudiantes midan su valor en calificaciones. El miedo a equivocarse paraliza, y el aprendizaje se convierte en competencia.

En el trabajo, la precariedad laboral y la cultura del “échale ganas” refuerzan la idea de que descansar es rendirse. Muchos profesionistas sienten que deben demostrar su valía constantemente, sin espacio para la vulnerabilidad.

Incluso en casa, el perfeccionismo se cultiva desde frases bien intencionadas como “sé el mejor” o “no nos falles”. Aunque reflejan orgullo familiar, también pueden sembrar la idea de que el amor depende del rendimiento.

Pero México también tiene una tradición de resiliencia, comunidad y creatividad. Tal vez sea momento de soltar la perfección y abrazar el error como parte del camino.

Porque, en una cultura que valora tanto el esfuerzo, también deberíamos aprender a valorar el descanso, la duda y la imperfección.

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