Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 22 septiembre 2025

SANTO ¿Cómo se convierte uno en “santo”? R. Para convertirse en santo en la Iglesia católica, primero hay que vivir una vida de “virtud heroica” no califico y hacer milagros tampoco, pero eso sí, sólo después de muerto le consideran para la canonización. El ...

SANTO

¿Cómo se convierte uno en “santo”?

R. Para convertirse en santo en la Iglesia católica, primero hay que vivir una vida de “virtud heroica” (no califico) y hacer milagros (tampoco), pero eso sí, sólo después de muerto le consideran para la canonización. El proceso incluye investigar su vida a fondo, examinar sus virtudes y, si todo cuadra y hay milagros de por medio, el Papa lo puede canonizar oficialmente como santo. Si es mártir (no, tampoco cumplo con este requisito), el proceso es más rápido, porque no necesita milagros, pero normalmente hace falta al menos uno y luego otro para subir de nivel a “santo”.

Por cierto, convertirse en santo lleva años y muchos exámenes detallados. No es como los políticos: a ellos sólo les basta prometer milagros y ya se creen venerados, aunque lo de “heroica virtud” les suene a personaje de cómic. Si alguno de ellos pasara por el proceso de canonización, ¡seguro que los milagros se perderían con los expedientes!

Así que, si quiere ser santo, viva como tal, haga el bien, cruce los dedos (cuando nadie mire) para algún milagro pos mortem, y espere que algún político no se encargue de su investigación.

MÁQUINAS DE OLOR

¿Es cierto que en Disneylandia hay máquinas que hacen olores?

R. Sí las hay, y es unos de los trucos que Disney utiliza para crear una “atmósfera” especial. Le comparto que estas máquinas Smellitizers son “el arte invisible del aroma en Disney” que ofrecen una experiencia sensorial completa, donde los aromas juegan un papel clave en la inmersión del visitante. Por eso, los deliciosos olores a dulces y palomitas que se perciben en las aceras de la calle principal de Magic Kingdom (EU) no son producto del azar. Se generan mediante dispositivos especiales llamados Smellitizers, que liberan fragancias estratégicamente por todo el parque.

Jody Jean Dreyer, exdirectora de Sinergia y Proyectos Especiales de Disney, destacó en una entrevista con Fast Company que los imagineers son “conscientes de que las personas utilizan todos sus sentidos” durante su visita. Los aromas, estrechamente ligados a las emociones, ayudan a crear recuerdos duraderos. Por ello, los imagineers emplean fragancias específicas para impactar al visitante y transportarlo a distintos territorios, atracciones y experiencias. Por ejemplo, en el vestíbulo del Disney’s Polynesian Village Resort, los visitantes son recibidos por un perfume de flores de hibisco que los traslada, sin salir de Orlando, a una isla del Pacífico.

Disney ha patentado una técnica llamada scent blending (mezcla de aromas) para sus atracciones. Esta tecnología permite dispersar los olores de forma gradual, facilitando transiciones suaves entre escenas —al igual que ocurre con el audio o el video en el cine—. A medida que un aroma se desvanece, otro emerge con mayor intensidad, creando una experiencia más natural, envolvente y fluida para el visitante.

LAS VELAS

¿De dónde salió la costumbre de apagar velas en el pastel?

R. La tradición supersticiosa de apagar las velas de los pasteles de cumpleaños tiene orígenes sorprendentemente antiguos. Algunos historiadores creen que se remonta a la antigua Grecia, que posiblemente elaboraba pasteles adornados con velas encendidas para honrar a Artemisa, la diosa de la caza y la luna. Esto, a su vez, fue adoptado por los romanos, quienes ayudaron a difundir la tradición.

En la Europa moderna, el ritual de celebrar los cumpleaños con un pastel y velas, como lo hacemos hoy, existe desde al menos el siglo XVIII. Uno de los primeros relatos documentados proviene de la fiesta de cumpleaños de 1746 del conde Ludwig von Zinzendorf, un obispo alemán, quien tenía un enorme pastel cubierto de velas. En ese momento, al menos en Alemania, el acto de apagar las velas se consideraba una forma de elevar los deseos a los dioses, de forma similar a como soplamos las velas y pedimos un deseo hoy en día.

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