Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 14 de septiembre de 2025
INTERFIERE Señor Alfredo, cuando la comida interfiere con el medicamento ¿qué es lo que debemos saber? Los doctores nos recetan medicinas, las farmacias las surten con suerte y ¡van para adentro! R. Don Raúl, le comparto que, en nuestro país, donde la automedicación ...
INTERFIERE
Señor Alfredo, cuando la comida interfiere con el medicamento ¿qué es lo que debemos saber? Los doctores nos recetan medicinas, las farmacias las surten (con suerte) y ¡van para adentro!
R. Don Raúl, le comparto que, en nuestro país, donde la automedicación y los remedios caseros conviven con tratamientos médicos formales, es crucial entender cómo ciertos alimentos pueden alterar el efecto de los medicamentos. No se trata de alarmar, sino de informar con precisión. Vea estas combinaciones y efectos:
Toronja y medicamentos cardiovasculares
El jugo de toronja puede aumentar la concentración de fármacos como estatinas o antihipertensivos, elevando el riesgo de toxicidad. Evitarlo durante el tratamiento es prudente.
Lácteos y antibióticos
La leche, el yogur y el queso pueden reducir la absorción de antibióticos como la ciprofloxacina o la tetraciclina. Lo ideal es tomarlos con agua y lejos de las comidas.
Verduras de hoja verde y anticoagulantes
Espinaca, acelga y kale contienen vitamina K, que puede contrarrestar el efecto de medicamentos como la warfarina. No se trata de eliminarlas, sino de mantener una ingesta constante y controlada.
Alcohol y analgésicos comunes
El consumo de alcohol junto con paracetamol o ibuprofeno puede dañar al hígado o al estómago. En tratamientos prolongados, lo mejor es abstenerse.
Cafeína y psicotrópicos
El café puede intensificar efectos secundarios como insomnio o nerviosismo en quienes toman ciertos antidepresivos o ansiolíticos.
Atención: la interacción entre alimentos y medicamentos no es anecdótica. Es un tema de salud pública que merece atención, especialmente en contextos donde la dieta y el acceso a información médica son diversos. Consultar al médico y leer las indicaciones es un acto de prevención, no de desconfianza.
LAS ALMOHADAS
¿Desde cuándo hemos usado almohadas?
R. Aquí le comparto la historia de un descanso milenario, la almohada: elegir una almohada actualmente no es fácil. Las opciones abruman: viscoelástica, plumas, fibras, e incluso modelos personalizados que superan 100 mil pesos. Pero mucho antes de que existieran estos lujos, diversas culturas antiguas idearon versiones rudimentarias que poco se parecen a los soportes suaves que usamos hoy.
Las primeras almohadas surgieron en Mesopotamia, hacia 7000 a. C., en lo que hoy es Irak. Eran bloques de piedra curvos que cumplían una función práctica: evitar que insectos y roedores se acercaran a los rostros de los nobles mientras dormían.
Cinco mil años después, los egipcios perfeccionaron el concepto con el reposacabezas elevado, hecho de madera o piedra. Consistía en una base rectangular, un eje vertical y una pieza curva que sostenía la cabeza, evocando el sol naciente en el horizonte.
Además de su utilidad, los egipcios le atribuyeron valor espiritual. Colocaban reposacabezas en las tumbas, como la de Tutankamón, quien fue enterrado con al menos ocho. Se creía que proteger la cabeza era vital incluso en la otra vida, y que estos objetos alejaban demonios nocturnos, adornados con figuras de dioses como Bes y Taweret.
