Sin maquillaje / arlamont@msn.com.mx / 17 de enero de 2026

ESPÍRITU Y ALMA, LA CARNE Y EL AMOR

Sr. Alfredo, abusando de su paciencia explíqueme, por favor, la diferencia entre espíritu y alma, y carne y amor.

R. Pregunta muy interesante, ya que en muchas ocasiones confundimos la una con la otra o, como dicen por ahí, la gimnasia con la magnesia.

Le comparto que cuando la gente habla del espíritu y el alma suele usar las palabras como si fueran intercambiables, pero apuntan a intuiciones distintas. El espíritu es la parte de nosotros que se mueve hacia afuera, la que busca sentido, propósito y dirección. Es la fuerza que impulsa, que pregunta por el para qué y que nos conecta con algo más amplio que nuestra propia historia.

El alma, en cambio, es el espacio interior donde se guardan la memoria, la emoción y la identidad. Es el lugar donde reconocemos quiénes somos cuando se apaga el ruido del mundo. Por eso alguien puede sentirse espiritualmente inquieto, pero con el alma en calma; o espiritualmente claro, pero con el alma herida. La distinción no divide al ser humano, sólo ilumina sus capas.

Anotemos entonces, ¿qué papel juega la carne en la experiencia del amor? La palabra carne suele cargarse de moralismos, pero en realidad nombra algo simple y profundo: la condición humana en su forma más concreta. Es el cuerpo que siente frío, hambre, deseo, cansancio y ternura. Es la fragilidad que nos recuerda que estamos vivos. El amor no se opone a la carne, sino que la necesita. Un afecto que no se encarna en gestos, miradas, silencios o cuidados se queda en idea. La carne da forma al amor y el amor da sentido a la carne. Cuando se habla de la tensión entre ambos, lo que suele aparecer no es un conflicto real, sino el miedo a reconocer que amar siempre implica exponerse, tocar y ser tocado, dejar que el cuerpo participe en la historia.

Para redondear, ¿cómo se relacionan espíritu, alma, carne y amor en la vida cotidiana? Aunque parezcan conceptos abstractos, se cruzan todos los días. El espíritu nos orienta, el alma nos sostiene, la carne nos recuerda que somos vulnerables y el amor une esas dimensiones en una experiencia compartida. Una decisión importante puede nacer del espíritu, pero necesita del alma para ser honesta y de la carne para hacerse real. Un vínculo profundo puede comenzar en la atracción física, pero sólo se vuelve amor cuando toca el alma y encuentra un propósito en el espíritu. Estas palabras no describen mundos separados, sino movimientos distintos de una misma vida. Entenderlas no es cuestión de teoría, sino de atención: basta observar cómo pensamos, sentimos, actuamos y amamos para verlas en acción.

 

LAS UÑAS

¿Para qué sirven las uñas?

R. Le comparto que los humanos tenemos uñas principalmente para proteger las puntas de los dedos de las manos y pies y convertirlos en mejores herramientas.

Las uñas de las manos y pies protegen el tejido sensible de los extremos de los dígitos contra golpes, presión e infecciones, al tiempo que ayudan en tareas precisas como agarrar, rascar y recoger objetos pequeños. También proporcionan contrapresión al dedo blando, lo que mejora la sensibilidad táctil y el control motor fino.

Las uñas están hechas principalmente de queratina, una proteína fibrosa dura que también forma el cabello y la capa externa de la piel. La parte visible dura es la placa ungueal, compuesta por queratinocitos muertos densamente compactados, producidos por la matriz ungueal en la base; a medida que se forman nuevas células, empujan las antiguas hacia adelante, creando una placa rígida y translúcida.

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