EL OFFSIDE
Señor La Mont, ¿recuerda usted aquella formación que tenía, creo que era el Toluca, por allá de los 60 o 70, donde eliminaban las sorpresas y tenían de antemano a todos los jugadores contrarios en offside? ¿Cómo era esto, que equipo lo presentaba y con qué técnico o entrenador?
R: Ingenioso, sí. Imposible, no. Y es confirmado que fue el Toluca bajo Ignacio Trelles, cuando el equipo perfeccionó una versión mexicana del “offside trap”, que hoy sería ilegal en varios países por crueldad psicológica. La idea era simple: todos los defensas se paraban exactamente sobre la línea de medio campo, como si fueran una muralla roja custodiando la frontera.
Esta estrategia prohibía al rival existir en campo contrario. Con la regla de fuera de lugar de la época, cualquier delantero que se pasara tantito quedaba automáticamente fuera de lugar en cuanto Toluca recuperaba la pelota. Resultado: los rivales quedaban atrapados en su propio terreno, como si el pasto rojo estuviera electrificado.
Los árbitros se daban cuenta, pero no llegaban. En esos años, los abanderados no corrían maratones y la coordinación defensiva no era ciencia espacial. Toluca, en cambio, lo hacía como ballet soviético: todos en línea, todos sincronizados, todos con la misma mala intención.
Esta estrategia dejó de ser efectiva debido a que el futbol evolucionó:
• Los árbitros ahora sí corren.
• Los delanteros aprendieron a temporizar.
• Y la regla cambió en 1990: ya no basta con estar adelantado; hay que participar activamente en la jugada.
La muralla de medio campo perdió su filo, como un truco que sólo funciona cuando nadie más lo conoce.
Y ANTES
Señor La Mont, si Jesús murió en la cruz para perdonar nuestros pecados, ¿qué pasa con todas las personas que vivieron y murieron antes de él?
R. La tradición cristiana sostiene que Dios no está limitado por el tiempo como nosotros. Por eso, el sacrificio de Jesús no sólo actúa hacia adelante en la historia, sino también hacia atrás. Su muerte y resurrección serían un acto universal que alcanza a todas las generaciones. Según esta visión, los justos del Antiguo Testamento —Abraham, Moisés, Rut y tantos otros— fueron salvados por Cristo, aunque vivieron siglos antes. No conocieron su nombre, pero respondieron a la luz que sí tenían: la conciencia, la justicia, la misericordia y la fidelidad a Dios. Otra tradición muy antigua habla del “descenso de Cristo a los infiernos”, donde libera a los justos que esperaban la redención. Es una imagen poderosa: Jesús abriendo las puertas para quienes vivieron con rectitud. Para el cristianismo, la salvación no depende de haber vivido después de Jesús, sino de haber respondido al bien, según lo que cada persona pudo conocer. Su sacrificio es visto como un acto que abraza a toda la humanidad, pasada, presente y futura.
