Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 6 de junio de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

TEOTIHUACAN 

¿Qué piensa con el ataque en Teotihuacan?, ¿ahora se impondrán medidas drásticas en todos los sitios arqueológicos y museos? ¿Nos pasará como con el shoe bomber, que por un caso millones tuvimos que descalzarnos?

R. Las autoridades anunciaron controles adicionales en zonas arqueológicas, pero no un “modelo aeropuerto”. Tras el asesinato en Teotihuacán, se reforzaron accesos, vigilancia y revisiones selectivas, sobre todo en áreas vulnerables. Expertos señalan que medidas extremas serían inviables: México tiene más de 190 zonas arqueológicas abiertas y millones de visitantes al año. Lo que veremos es más presencia, más cámaras y protocolos más estrictos, no revisiones masivas tipo aeropuerto.

La clave será evitar el reflejo de “un caso = castigo colectivo”.

LOS MODERNOS

¿Cuáles son los pecados modernos?

R. Los pecados modernos más discutidos en un marco moral suelen ser la idolatría del yo, la mentira y la manipulación, la pornografía, el consumismo, la crítica constante, la tibieza espiritual, la distracción digital, el relativismo moral, el abuso del poder y la política sin ética. En una lista más clásica inspirada en Gandhi, también se habla de la riqueza sin trabajo, el placer sin conciencia, el conocimiento sin servicio, los negocios sin ética, la ciencia sin amor, la religión sin sacrificio y la política sin principios. Se lo resumo en español sencillo, serían éstos:

• La idolatría del yo.

• La mentira y la manipulación.

• El chisme y el juicio constante.

• La pornografía.

• El consumismo y la avaricia.

• La distracción digital.

• La tibieza espiritual.

• El relativismo moral.

• El abuso de poder.

• La injusticia social.

Estos no siempre se nombran igual en todas las tradiciones, pero suelen aparecer porque describen versiones modernas de vicios morales antiguos.

ANTES MEJOR

¿Es verdad que antes la gente dormía mejor que nosotros?

R. El romanticismo en pleno. Nos encanta imaginar que las generaciones pasadas dormían como ángeles: sin pantallas, sin correos a medianoche, sin ansiedad moderna. Pero los victorianos, los primeros habitantes de la modernidad industrial, habrían reconocido perfectamente nuestras preocupaciones. En 1900, el neurólogo William Broadbent ya lamentaba que “el insomnio es uno de los tormentos de nuestra época”. Revistas populares publicaban artículos titulados Why Can’t I Sleep? como si fueran hilos de X del siglo XIX. Para ellos, dormir no era sólo biología: era disciplina moral. Se creía que el buen sueño dependía de hábitos ordenados, emociones controladas y una mente en calma. La inquietud nocturna era vista como un fallo del carácter tanto como del sistema nervioso. La ironía es que, aunque compartían nuestras ansiedades, no compartían nuestra idea de sueño continuo. El “dormir de corrido” es un invento moderno; los victorianos dormían en dos fases, con un periodo de vigilia intermedio. Cambiaron las lámparas, más no las preocupaciones.