EL PRIMER
¿Cuál fue el primer color al que se le dio nombre en español?
R. La respuesta breve y directa es: los primeros colores que recibieron nombre en las lenguas que dieron origen al español fueron “blanco” y “negro”, seguidos por “rojo”. Esto no es una opinión, sino un patrón lingüístico ampliamente documentado por la filología histórica.
Los estudios sobre la evolución de los nombres cromáticos muestran que las lenguas humanas no comenzaron con un arcoíris completo. Primero distinguieron sólo dos grandes categorías: claro y oscuro, que con el tiempo se consolidaron como blanco y negro. Después apareció una palabra para rojo, debido a su importancia vital: la sangre, el fuego y ciertos frutos hacían imprescindible nombrarlo.
El español hereda este patrón de las lenguas indoeuropeas y del latín. Por eso, los primeros colores con nombre propio en el castellano temprano fueron blanco, negro y rojo, antes de que surgieran términos como verde, amarillo, azul o naranja. Este último, de hecho, llegó tardísimo: primero se nombró la fruta en el siglo XIII y sólo tres siglos después el color adoptó su nombre.
En síntesis, el primer color con nombre propio en español no fue uno solo, sino una secuencia: 1. Blanco, 2. Negro y 3. Rojo.
POLICÍAS
¿Cuántas corporaciones policiales existen en la Ciudad de México y cuáles tienen facultad para arrestar?
A: En la Ciudad de México operan tres cuerpos principales. El primero es la Secretaría de Seguridad Ciudadana, que incluye policía preventiva, tránsito y unidades especializadas; es la corporación con mayor presencia y sí puede detener a personas en flagrancia o por orden judicial. El segundo es la Policía de Investigación, dependiente de la Fiscalía capitalina, encargada de investigaciones y también facultada para realizar detenciones. El tercero es la policía auxiliar, enfocada en seguridad privada y apoyo institucional; no puede arrestar, salvo en casos de flagrancia mientras llega la autoridad competente.
CENTENARIOS
¿Qué explica que Japón siga siendo el país con más centenarios del mundo pese a su dieta cada vez más occidentalizada?
R: La respuesta no está sólo en el pescado ni en el té verde, aunque ayudan. Japón combina una red de salud pública que detecta enfermedades temprano con una cultura que no jubila a nadie del propósito, aunque sí del trabajo formal. Los ancianos japoneses siguen activos en comunidad, cultivando huertos o enseñando oficios, mientras en otros países la vejez significa aislamiento. La occidentalización de la dieta sí está afectando a las generaciones jóvenes, que muestran más obesidad que sus abuelos. La longevidad japonesa quizás no sobreviva otra generación si el estilo de vida sigue cambiando más rápido que la cultura que lo sostenía.
SALADA
Don Alfredo, ¿por qué el ser humano no puede beber agua salada, como la del mar?
A: El problema está en la concentración de sal. El agua de mar contiene unos 35 gramos por litro, una cantidad que supera lo que los riñones pueden procesar. Para eliminar ese exceso, el cuerpo necesita producir orina más salada que la sangre, algo fisiológicamente imposible. Cuando ingerimos agua salada, el organismo intenta diluirla usando agua de nuestras propias células, lo que provoca deshidratación acelerada. En vez de hidratar, el cuerpo pierde más líquido del que recibe y los riñones trabajan bajo estrés. Si se continúa, aparecen síntomas como vómito, confusión y daño renal. La regla es absoluta: beber agua salada sólo empeora la sed. El mar refresca, pero no hidrata.
