Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 19 de abril de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

LA LLUVIA

Don Alfredo, ¿existe algún lugar en nuestro querido planeta en donde nunca haya llovido?

R. Sí lo hay y es, claro, el sitio más seco de la Tierra que no ha visto llover en 2 millones de años.

Hoy en día, impresionantes desiertos como el Sahara, el Mojave, el Atacama y el Gobi salpican la superficie terrestre; sin embargo, ninguno se compara con los Valles Secos de McMurdo. Bautizado en honor al explorador polar escocés Archibald McMurdo, este paisaje de sequedad asombrosa se encuentra en la Antártida, la cual es, técnicamente, el desierto más grande del mundo debido a sus condiciones de extrema aridez y a la ausencia de agua líquida. Pero incluso dentro de este entorno tan hostil, los Valles Secos de McMurdo constituyen un caso único, ya que no han recibido ni una sola gota de lluvia en más de 2 millones de años. Sí, millones.

Esta sequedad extrema se debe a un fenómeno meteorológico conocido como vientos catabáticos, los cuales arrastran el aire pesado y cargado de humedad hacia abajo y lo alejan de estos valles en particular. Esto da lugar a un paisaje increíblemente árido, compuesto mayoritariamente por rocas y bacterias fotosintéticas. Debido a estas condiciones de extrema aridez, los científicos consideran que los Valles Secos de McMurdo son la imitación más fiel de la superficie marciana que existe en la Tierra.

LA PLATICA

¿Quién, cuándo y cómo se debe tener “la plática” con los hijos?

R. Hablar con los hijos sobre “las aves y las abejas” siempre parece un trámite incómodo… hasta que uno recuerda la alternativa: que lo aprendan por TikTok, por un amigo “experto” de 12 años o por ensayo y error. Así que sí, alguien tiene que hacerlo, y mejor temprano que tarde.

• ¿Quién debe dar la plática?

Idealmente, los padres o cuidadores, porque son quienes conocen los valores de la familia y pueden hablar con calma, sin mitos ni sustos. Si no se sienten preparados, pueden apoyarse en un pediatra, un maestro o un profesional, pero la responsabilidad de abrir la puerta a la conversación sigue siendo de casa.

• ¿Cuándo?

Mucho antes de lo que uno cree. No es una charla única, sino una serie de conversaciones cortas que empiezan cuando el niño pregunta “¿de dónde vienen los bebés?” y continúan en la adolescencia con temas más complejos: consentimiento, límites, autonomía corporal, relaciones sanas y prácticas de protección. Si uno espera “al momento perfecto”, ese momento llega cuando ya es demasiado tarde.

• ¿Cómo?

Con naturalidad, sin sermones y sin convertirlo en un examen de biología. Lo esencial es que entiendan tres ideas:

1. Su cuerpo les pertenece.

2. Nadie tiene derecho a tocarlo sin permiso.

3. Las relaciones deben ser seguras, respetuosas y voluntarias.

El resto —anatomía, métodos de protección, riesgos— se explica según la edad, sin dramatismos y sin metáforas de fauna silvestre que sólo confunden.

Contemplemos que “la plática” no es un evento, es un proceso. Y si los padres no la dan, alguien más la dará… probablemente peor.