Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 16 de mayo de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

SIETE ACTUALES

¿Cuáles son los siete pecados capitales de esta época? Y aprovechando el viaje, puede decirme ¿cuáles son las nuevas virtudes?

R. Le comparto que si los monjes medievales vivieran hoy, actualizarían la lista sin dudarlo. El primer pecado sería la velocidad: la incapacidad de esperar, pensar o simplemente aburrirse. Le sigue la exhibición, ese impulso de documentar la vida como si fuera un reality permanente. Tercero: la indignación exprés, que convierte cualquier matiz en traición. Cuarto: la comparación infinita, deporte olímpico de las redes. Quinto: la hiperproductividad, donde descansar se volvió sospechoso. Sexto: la desinformación voluntaria, porque muchos prefieren la narrativa que confirma su identidad antes que la verdad. Y séptimo: la desmemoria, ese hábito de olvidar lo que pasó hace dos semanas porque ya llegó el siguiente escándalo.

No son pecados morales, sino hábitos culturales que moldean nuestra época. No nos condenan, pero sí nos distraen de lo esencial: pensar, conversar, elegir con calma.

Si hay nuevos pecados, también hay nuevas virtudes. La primera es la adaptabilidad: sobrevivir hoy exige cambiar de piel sin perder el esqueleto. Segunda: la alfabetización emocional, que por fin dejó de ser tema de autoayuda para convertirse en herramienta de convivencia. Tercera: la curiosidad, ese músculo que nos permite navegar un mundo saturado de información sin ahogarnos. Cuarta: la colaboración, porque los problemas actuales —climáticos, tecnológicos, sociales— no se resuelven en solitario. Quinta: la diversidad, entendida no como eslogan sino como inteligencia colectiva. Sexta: la pausa consciente, ese acto casi subversivo de desconectarse. Y séptima: la verificación, la virtud moderna de dudar antes de compartir.

Son virtudes menos solemnes que las clásicas, pero más útiles para una época que exige flexibilidad, criterio y un poco de humor para no perder la cordura.

CATÓLICOS

En nuestro país, ¿hay más católicos o menos que antes y cómo se comparan con otras denominaciones como los protestantes, aumentan en número o no?

R. Sin que sea gran sorpresa le comparto que en México el catolicismo pierde terreno, pero lo hace con la lentitud de un glaciar. 

Por ejemplo, en Centroamérica, en cambio, la caída ha sido abrupta, casi un derrumbe. La razón no es teológica, sino social: las iglesias evangélicas llenaron vacíos que el Estado y la Iglesia católica dejaron abiertos durante décadas. En zonas rurales y urbanas pobres ofrecieron algo inmediato: comunidad, apoyo material, redes de protección y un discurso emocional directo. 

A eso se sumó la crisis de credibilidad del catolicismo tras escándalos, jerarquías distantes y poca presencia territorial. Mientras México mantuvo una estructura parroquial más densa y un catolicismo cultural arraigado, países como Guatemala, Honduras y El Salvador vivieron migración masiva, violencia y fragmentación social: terreno fértil para iglesias ágiles, locales y carismáticas. El resultado es claro: en Centroamérica el catolicismo no se erosiona, se desploma; los evangélicos no crecen, arrasan.