Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 15 de octubre de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

EL FRÍO

¿La ducha fría en verdad alarga la vida?

R. Respuesta corta: no hay evidencia sólida de que las duchas frías alarguen la vida humana. La idea se basa en estudios con ratones, donde bajar la temperatura corporal central sí extendió la esperanza de vida —hasta 20% con menos de medio grado de diferencia—, pero eso es muy distinto a dos minutos de agua fría ocasional.

El estudio humano más citado, realizado en los Países Bajos, mostró menos días de baja laboral por enfermedad entre quienes tomaban duchas frías, pero se basó en autorreportes, tuvo 20% de abandono, y los beneficios en calidad de vida perdieron significancia estadística después de 90 días. Otros investigadores califican esa evidencia como “muy débil”. Sí existen beneficios modestos y mejor respaldados: ánimo, alerta mental y recuperación muscular. Pero afirmar que “alargan la vida” es publicidad prestada de estudios en animales, no algo demostrado en humanos.

MÁS OCURRENTE

Don Alfredo, sé que esta pregunta es muy subjetiva, ¿me puede decir quién fue la persona más graciosa de la historia?

R. Muchos dicen que, sin duda, fue Voltaire, uno de los hombres más graciosos de la historia. Aquí le comparto algunas de sus citas:

“Sólo le he hecho una oración a Dios, una oración muy corta: ‘Señor, haz ridículos a mis enemigos’. Y Dios me la concedió” (Carta a Étienne Noël Damilaville, 16 de mayo de 1767).

“Si Dios no existiera, habría que inventarlo”.

“Los tontos admiran todo en un autor de renombre. Yo sólo leo para mí: únicamente me gusta lo que me sirve”.

Otros nombres suelen aparecer en este tipo de listas: Oscar Wilde, célebre por epigramas como “puedo resistir todo, excepto la tentación”; Mark Twain, maestro del humor seco estadunidense; y Winston Churchill, cuyas réplicas ingeniosas en el Parlamento siguen citándose hoy. Pero Voltaire suele llevarse el título por combinar el ingenio con una crítica social devastadora, usando el humor como arma contra el fanatismo y la injusticia de su época.

SON ÁRBOLES

¿Las palmeras son realmente árboles?

R. Botánicamente hablando, no. Aunque las llamamos “árboles” en el lenguaje cotidiano, las palmeras no cumplen con la definición científica de árbol.

Los árboles verdaderos —como el roble o el pino— son plantas leñosas dicotiledóneas que crecen mediante un tejido llamado cámbium, el cual les permite engrosar el tronco año tras año y producir madera real, con anillos de crecimiento incluidos.

Las palmeras, en cambio, son monocotiledóneas, el mismo grupo botánico al que pertenecen el pasto, el maíz y los lirios. No tienen cámbium ni producen madera verdadera. Su “tronco” no es más que tejido fibroso reforzado, y no crece en grosor con la edad como el de un árbol de verdad; su diámetro queda prácticamente fijo desde joven. Otra diferencia curiosa: la mayoría de los árboles se ramifican, pero las palmeras casi siempre crecen desde un único punto de crecimiento en la copa. Si ese punto se daña, la palmera entera puede morir, algo que no ocurre con los árboles con ramas múltiples.

Las palmeras son técnicamente hierbas gigantes, aunque su apariencia y su papel en el paisaje las hagan sentir como árboles.