Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 15 de junio de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

CADA CUÁNDO 

¿Cada cuándo debe uno ir al doctor… y a cuál?

R. La regla útil es simple: lo suficiente para detectar problemas antes de que den síntomas. Para la mayoría de los adultos sanos, una revisión general al año es razonable. No porque el cuerpo cambie dramáticamente en doce meses, sino porque permite ajustar vacunas, presión arterial, peso, hábitos y detectar enfermedades silenciosas.

La frecuencia cambia según la especialidad:

• Medicina general - Anual.

• Dentista - Cada 6 meses.

• Oftalmólogo - Cada 1-2 años si no hay factores de riesgo.

• Dermatólogo - Anual para revisión de piel.

• Ginecología/urología - Anual.

• Cardiología - Según edad y antecedentes; después de los 50, suele ser cada 1-2 años.

La idea central: la medicina funciona mejor cuando previene, no cuando apaga incendios. Tu cuerpo y tus antecedentes dictan el ritmo real.

MANTENERLAS O NO/ENRIQUE MANDUJANO

¿Para qué mantener empresas federales que no producen y cuestan mucho, como Pemex, CFE, Mexicana, Tren Maya, Dos Bocas o el Tren Interoceánico? ¿No sería mejor venderlas o desaparecerlas?

R. Don Enrique, su pregunta es legítima, pero merece matices. No todas son iguales.

¿Por qué México sigue subsidiando a Pemex y a la CFE? Porque ambas dejaron de funcionar como empresas y el Estado insiste en tratarlas como símbolos patrióticos, no como negocios. Pemex es el caso más evidente: carga la mayor deuda petrolera del mundo —más de 100 mil millones de dólares— y sus operaciones clave, como refinación, llevan años en pérdidas. Sin rescates fiscales, simplemente no podría operar.

La CFE no está en quiebra, pero tampoco es autosuficiente. Sus tarifas “sociales” dependen de subsidios crecientes y de limitar la competencia privada. El resultado: electricidad más cara de producir, pero políticamente rentable.

¿Por qué no privatizarlas? Porque la Constitución y la narrativa oficial privilegian el control estatal sobre la eficiencia. Privatizar implicaría admitir que décadas de “soberanía energética” fueron financieramente insostenibles.

Mexicana, el Tren Maya y Dos Bocas son proyectos ideológicos disfrazados de política pública, con rendimientos dudosos y costos que el contribuyente paga sin ver beneficios claros. Venderlas puede ser la solución correcta en algunos casos, pero requiere condiciones de mercado competitivo para que no pasen de monopolio estatal a monopolio privado. Desaparecerlas sin plan generaría desempleo masivo y caos en sectores críticos. 

El verdadero problema no es si son públicas o privadas, sino si tienen dirección honesta, metas reales y rendición de cuentas. Lo que sobra no es la empresa, sino la corrupción que la habita.

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