Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 15 enero 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

LOS EMAILS Y LOS TEXTOS

¿Qué le sucede a un email cuando lo envío, y es lo mismo con los textos?

R. Cuando presiona “Enviar” en un correo electrónico comienza un pequeño viaje invisible que recuerda el recorrido de una carta por distintas oficinas postales, pero a la velocidad de la luz. Su aplicación de correo se conecta primero con el servidor de salida de su proveedor, que actúa como la primera oficina. Ese servidor busca a dónde debe ir el mensaje: consulta el dominio del destinatario, encuentra el servidor que lo recibirá y le abre camino.

A partir de ahí, el email puede saltar por varios servidores alrededor del mundo. En cada parada puede ser revisado por filtros de spam o antivirus hasta que finalmente llega al servidor del destinatario. Sólo entonces aparece en su bandeja de entrada, listo para ser descargado por su aplicación de correo. Todo esto ocurre en segundos, aunque a veces puede tardar un poco más según la ruta digital o la carga de los servidores.

Los mensajes directos y los textos, en cambio, viven en otro universo. Un DM de Instagram o X no viaja por la red pública como un correo: va directo a los servidores de la plataforma, que funcionan como un centro único de distribución. Su mensaje llega allí y, casi de inmediato, el servidor lo empuja al teléfono del destinatario mediante notificaciones o conexiones en tiempo real. Es un trayecto mucho más corto y controlado.

Los SMS tradicionales tampoco siguen el camino del email. Viajan por la red celular: su operador los envía a un centro de mensajes (el SMSC), que luego los entrega al operador del destinatario. Los sistemas modernos, como iMessage o RCS, funcionan más como datos de internet, pero, aun así, pasan por servidores propios de la plataforma, no por la cadena abierta de servidores que usa el correo electrónico.

Por eso, cuando se envía un correo a sí mismo —por ejemplo, de Gmail a Gmail— llega casi al instante: nunca sale del mismo ecosistema de servidores. En cambio, un email enviado a otra persona puede tardar un poco más porque debe atravesar más pasos, más filtros y más manos digitales. Con los DM y los textos el camino es más directo y suele sentirse inmediato.

NO HAY RÍOS

¿Por qué no hay ríos en Yucatán?

R. Cuando uno mira un mapa de la península de Yucatán, algo llama la atención de inmediato: un territorio enorme sin ríos que lo crucen. La razón está bajo nuestros pies. Yucatán es, esencialmente, una gran losa de caliza, una roca porosa y soluble que deja pasar el agua con una facilidad sorprendente. Cada vez que llueve, el agua no se acumula ni forma arroyos: se filtra casi de inmediato hacia un vasto acuífero subterráneo. Con el tiempo, esa filtración constante ha ido disolviendo la roca, ensanchando grietas y creando un laberinto de cuevas, túneles y conductos. Es un paisaje kárstico, donde en lugar de ríos visibles aparecen cenotes, miles de ellos, que funcionan como ventanas al mundo subterráneo. Se estima que hay alrededor de nueve mil, cada uno conectado a ese sistema de ríos ocultos que abastecen de agua dulce a la región. La historia geológica tiene un capítulo dramático: el impacto del asteroide de Chicxulub, hace 66 millones de años. La energía liberada fracturó aún más la plataforma de caliza, facilitando el drenaje subterráneo. En el borde del cráter enterrado se formó un anillo de cenotes especialmente profundos, donde las fracturas del impacto favorecieron el colapso del terreno. Así, Yucatán no carece de ríos: simplemente los esconde. Toda su hidrología ocurre bajo tierra, en un sistema silencioso y extraordinario que explica porque la superficie permanece seca mientras, en las profundidades, el agua nunca deja de moverse.