Sin maquillaje / arlamont@msn.com / 11 de octubre de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

INTELIGENCIA 

¿Qué tan preparados estamos los mexicanos para distinguir un video real de uno generado por inteligencia artificial?

R: Prácticamente nada, y eso debería preocuparnos. Las herramientas de IA generativa ya producen voces, rostros y escenas casi indistinguibles de la realidad, mientras la ciudadanía sigue confiando en el viejo reflejo de “si lo vi, lo creo”. En época electoral esto es peligroso: un audio falso de un candidato puede circular horas antes de que alguien lo desmienta y, para entonces, el daño político ya está hecho. Las autoridades electorales hablan de regulación, pero llegan tarde, como siempre. La verdadera defensa no será legal, sino cultural: aprender a dudar antes de compartir. Mientras tanto, la desinformación avanza más rápido que cualquier ley pensada para detenerla.

BOXEO

¿ Vale la pena que México siga invirtiendo en boxeo cuando otros deportes reciben menos apoyo, pero producen más medallas olímpicas?

R: El boxeo mexicano vive de su pasado glorioso más que de resultados recientes, pero sigue acaparando patrocinios y atención mediática que otros deportes ni sueñan tener. Mientras tanto, disciplinas como el clavado o el taekwondo, que sí han traído medallas olímpicas en los últimos ciclos, operan con presupuestos raquíticos y entrenadores mal pagados. La lógica no es deportiva, sino comercial: el boxeo llena arenas y genera ratings, los deportes olímpicos llenan vitrinas que nadie visita. El problema es que las medallas construyen prestigio internacional a largo plazo, y los nocauts construyen nostalgia. México sigue apostando por la nostalgia.

DEPENDENCIA

¿Por fin el cine mexicano dejó de depender de Hollywood para financiarse?

R: No del todo, aunque las plataformas de streaming abrieron una puerta que antes estaba cerrada. Directores mexicanos ahora consiguen presupuestos de Netflix o Amazon sin pasar por estudios estadunidenses, lo cual es un cambio real. Sin embargo la dependencia sólo cambió de nombre: antes era Hollywood, ahora son los algoritmos de plataformas extranjeras decidiendo qué historias mexicanas merecen contarse y cuáles no. La independencia creativa sigue limitada por gustos ajenos al público local. El verdadero salto llegará cuando el cine mexicano pueda sostenerse con capital y distribución propiamente nacionales, algo que todavía suena más a aspiración que a realidad.

CONSULTA EN REDES

¿Qué tan confiable es la información médica que circula en redes sociales mexicanas?

R: Tan confiable como preguntarle a un taxista sobre neurocirugía. Influencers sin formación clínica recomiendan suplementos, dietas milagro y hasta tratamientos alternativos para enfermedades serias, y millones de personas los siguen antes que a su médico de cabecera. La Secretaría de Salud intenta contrarrestar esto con campañas oficiales, pero compite contra algoritmos diseñados para viralizar lo llamativo, no lo cierto. El resultado es una población que sabe reconocer un filtro de Instagram, pero no un estudio clínico serio. La salud pública mexicana enfrenta hoy dos epidemias simultáneas: las enfermedades reales y la desinformación que impide tratarlas a tiempo.

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