Cultivar la empatía y evitar la paranoia
Hay médicos fríos y distantes que generan que el consultante se sienta objeto y no persona.
SALUD. Inevitable comentar sobre los diagnósticos médicos y los avatares emocionales que éstos tienen entre quienes se someten a los diversos exámenes que realiza la medicina actual. Ir al médico, quien de inmediato solicita análisis que después de efectuados se entregan en sobres dentro de los cuales se encuentra el estado de nuestra salud o de nuestra enfermedad, puede producir la más profunda angustia e innumerables situaciones emocionales que hay que considerar ahora que se cuenta con imagenología (tomografías, ecografías, resonancia magnética y otra amplia gama de medios), con las que la ciencia médica se mete en el cuerpo humano para desentrañar las amenazas que, activas o latentes, lo habitan o para sentenciar con pruebas a la mano que todo está dentro de lo normal. Ahora también —mediante Google— se ha incrementado el número de personas que se ponen a investigar y se sumergen en el infierno de las posibilidades mortales que supera el simple hecho de estar vivos. Se sabe, perogrullescamente, que “la única manera de no estar expuestos a la muerte es ya haber muerto”.
Os agrego que luego de las etapas de diagnóstico o autodiagnóstico llega el momento de enfrentarse al médico, en el que se encuentra una variedad de situaciones que hay que tomar en cuenta.
Hay médicos fríos y distantes que generan que el consultante se sienta objeto y no persona. Hay médicos que explican con paciencia, comprensión y respeto. Los hay quienes asustan, desalmadamente, sobre todo quienes laboran en las instituciones gubernamentales de atención a la salud (presionados por el elevado número de pacientes a los que cotidianamente tienen que proporcionarles consulta), que propicia que al décimo o al vigésimo al que le dan consulta se apresuran a “despacharlo”, dejándolo con un mínimo de satisfacción y tranquilidad que, para él, es de máxima trascendencia. Por fortuna, en varias áreas de la salud se está poniendo en práctica, a la hora de dar consulta, incluir la dimensión emocional y hasta existencial del consultante.
Os comento que la empatía radica en un esfuerzo para hacer nuestra la realidad de alguien que, hasta el momento, no considerábamos ni familiar ni amigo.
La empatía sería algo así como una simpatía profesional. Una simpatía que en la relación médico-paciente permite traspasar el sufrimiento de éste a la vida del médico, pero también es un deber de éste desembarazarse de prejuicios y ofrecer al paciente lo mejor de su arte, aunque ese paciente sea un delincuente que le trae la policía.
TRES APOSTILLAS. La empatía comienza cuando se escucha a alguien, sin presuponer nada y con el ánimo de ayudarle. Ese esfuerzo se efectúa no sólo emocionalmente sino, muy importante, también semiológicamente. Porque la empatía se ha reducido al presente a la comprensión del sufrimiento sicológico, cuando en realidad es mucho más.
Un médico interesado por lo que le ocurre a un paciente en el plano biológico es igualmente empático. Por desfortuna, hay médicos que son empáticos con el sufrimiento derivado de enfermedades somáticas, pero rechazan el sufrimiento sicológico e incluso el derivado de enfermedades que no son de su campo.
De la misma manera cabría evaluar al sicólogo que sólo empatiza con el sufrimiento estrictamente mental y rechaza el que deriva del plano corporal.
Misión toral del ejercicio médico es cultivar la empatía y evitar la paranoia, tanto la basada en sentirse enfermo, sin estarlo, como la sustentada en no someterse apegadamente a las indicaciones médicas en caso de sí estar con algún padecimiento. SALUD Y SALUDOS.
