La realidad del sufrimiento del ser humano
La ética define la vocación de cada individuo.
SALUD. Ante la realidad del sufrimiento, el ser humano ha reaccionado y adoptado actitudes que le permiten conocer y comprender el fenómeno y situarse ante él mismo. En buena parte, la armonización de dichos conocimientos y las actuaciones que de ello se han generado forman el sustrato de la medicina. Es conveniente hacer un poco de historia, así como un análisis desde perspectivas diferentes —antropológica, filosófica y social— para tratar de entender cómo enfrentamos hoy estas realidades. Tomás de Aquino da centralidad a la “providencia” o “prudencia” que une racionalidad y actualidad circunstancial. Está convencido de que a pesar de que el hombre puede “hacer todas las cosas” por medio de su inteligencia, el dominio de la realidad al que accede, por su limitación y finitud, es un dominio inestable y mudable. Prudente significa cómo ver a lo lejos; es, ciertamente, perspicaz y prevé a través de la incertidumbre de los sucesos. En definitivo, la prudencia se construye sobre el conocimiento a través de la memoria, la inteligencia y la razón de las vivencias del pasado, y se pone en práctica con los fines y medios adecuados en cada caso y momento para la mejor elección y ejecución de una acción determinada. Pero si alcanzar fue la meta de la educación durante la Edad Media, después del Renacimiento su embalaje se distorsionó y algunos aspectos alcanzaron gradualmente especial preponderancia.
Os comento que la cuestión sigue candente hoy con la afloración de otras interpretaciones. Así, Fernando Savater en su libro El valor de elegir, en el que expresa su rechazo a los dogmas, propone una ética y una estética de la contingencia, en la que lo contingente —lo que puede suceder o no— es parte del precio de la superación en tanto trascendencia. A la pregunta ¿qué es lo que define al ser humano?, responde que “no sólo son los instintos o nuestra situación genética, tan semejantes a la de otros animales, sino nuestra capacidad de decidir e inventar acciones que transforman la realidad y a nosotros mismos”. A tal disposición no la llama precisamente “prudencia”, término desgastado y con muchas connotaciones que ya no dicen lo que era la fronesis ni la vieja “prudencia tomista”, sino simplemente “libertad”. La ética, como disciplina que tiene por objeto el ethos integral, define la vocación humana de cada individuo dentro del conjunto.
TRES APOSTILLAS. La ética, como disciplina que tiene por objeto el ethos integral, define la vocación humana de cada individuo, especialmente si éste opta por ejercer legalizadamente la medicina. Ahora bien, sin perder de vista que cuando no se posea o impere la prudencia integradora estable de todas las virtudes, faltará la predisposición al recto comportamiento en todas las ocasiones, así se equivocase el individuo innumerables veces. — En la ética clásica, las normas elaboradas eran estables y se aplicaban en un mundo que las aceptaba y se sujetaba a éstas. — Pero actualmente la ética se ha trasladado al desarrollo de la conciencia racional individual y al despliegue de una conciencia colectiva, que pretende alcanzar el mejor juicio posible en casos de situaciones concretas. Esta ética no se plantea con bases e ideales, sino desde la experiencia adquirida de lo que somos y en la que transcurre nuestra existencia. SALUD Y SALUDOS.
