Las disyuntivas de México y la toma ilegal de un auditorio
La pluralidad de ideas no debe ser sinónimo de discrepar, se puede llegar al acuerdo.
SALUD. Si la política, incluida la política de la salud, como se dice, debe ser no sólo el arte de lo posible sino también de lo imposible, el derecho a discutir lo que nos ocurre a diario como individuos, como ciudadanos, es uno de sus valores intrínsecos. En un esfuerzo por reflexionar acerca de la realidad nacional y global, Juan Ramón de la Fuente (JRdelaF), exsecretario de Salud y rector de la UNAM de 1999 a 2007, entre otros cargos importantes, algunos de carácter internacional, ha escrito el libro A quién le importa el futuro: Las disyuntivas de México, conformado por una colección de ensayos y artículos que giran en torno a temas sociales, aspectos diversos del desarrollo, el papel de la ciencia, la innovación y la tecnología y, desde luego, a la salud y educación.
Su colección de artículos presenta una mirada no pesimista sino critica que pretende contribuir a explicar las causas del malestar social. El autor se tomó el tiempo para analizar la necesaria reforma de nuestras instituciones sociales, para promover en el lector una mirada crítica que le permita exigir lo que le corresponde y hacer más fácil la titánica tarea que supone salir de nuestra actual deriva.
Os comento que el autor pone énfasis respecto al consenso indispensable y puntualiza que un lugar común en el desgastado lenguaje de la política es que hay que construir consensos. Como si ponerse de acuerdo fuera algo inalcanzable. Como si la pluralidad de ideas fuera sinónimo de discrepar siempre y a toda costa. Como si la postura adoptada fuera más importante que la razón esgrimida.
TRES APOSTILLAS. Están por cumplirse 16 años de que ilegalmente fue tomado por estudiantes y seudoestudiantes el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; intrusos que de inmediato le cambiaron de nombre imponiéndole el de Che Guevara, invasión por demás ilegal, como una de las secuelas de la huelga estudiantil más larga en la historia de la UNAM (1999-2000). Recordemos que los promotores originales de la toma, identificados con el área más radical del Consejo General de Huelga, argumentaron, en su momento, que el auditorio se convertiría en un espacio autónomo y autogestivo en el que pudieran expresarse todos los sectores divergentes y expresiones que converjan en dicha casa de estudios. Sin embargo, en todo el largo tiempo transcurrido desde su toma, ha devenido en una exclusión sistemática de la mayoría de la auténtica comunidad universitaria, que no tiene justificación legal, social o académica alguna. Por añadidura, ese grupúsculo que pulula alrededor de los ocupantes del auditorio Justo Sierra, este pasado jueves 25 de febrero provocó actos vandálicos en Ciudad Universitaria a todas luces injustificables. En un entorno nacional en el que los conflictos sociales adquieren proyección y explosividad particulares a consecuencia de una disfuncionalidad en varios núcleos de la sociedad mexicana, lo que menos se necesita es un nuevo foco de alteración, estamos ciertos de que el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, tomará la decisión, con el apoyo legal que tiene a mano y el apoyo de la comunidad universitaria y de toda la sociedad nacional, de recuperar el auditorio Justo Sierra. SALUD Y SALUDOS.
