Dañino hábito: abusar de la ingestión de refrescos
Su consumo en países occidentales –México entre ellos– es bastante elevado
SALUD. La función primordial de una bebida es la de aportar agua al organismo acompañada o no de ciertas sustancias disueltas en ella. Los refrescos son bebidas sin valor nutritivo, excepto el azúcar que puedan contener, y cuyos restantes ingredientes son de origen artificial. Su consumo en países occidentales –México entre ellos– es bastante elevado hasta el punto en que hay quien habitualmente los emplea en lugar de agua simple o jugos naturales de fruta. Su composición está formada por agua, gas carbónico, donde es utilizado el dióxido de carbono, azúcar común u otras variantes de ésta, como la glucosa o la fructosa. Los refrescos con sabor a frutas suelen llevar ácidos orgánicos propios de la fruta, tal como el málico y el cítrico. Los refrescos tienen un extracto de nuez de cola, un fruto tropical que contiene cafeína y a algunos se les agrega la cafeína directamente. Su proporción suele ser de 0.02%, esto es unos 20 mg/100 ml., lo que implica más de 60 miligramos por lata o por botella chica. La cantidad de cafeína es similar a la que contiene una taza de café.
De lo anterior resulta que al ingerir refrescos de cola se experimenta sensación de bienestar, de alerta, de concentración. Hay formales dudas sobre si la cafeína que se encuentra en el extracto de nuez de cola se utiliza como sustancia adictiva y no como saborizante.
Os comento que un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de México, y la Universidad de Carolina del Norte (NCU) recién publicado por el British Medical Journal ponen a consideración de la opinión pública del mundo sus iniciales impresiones respecto a la efectividad de los impuestos especiales asignados a bebidas no alcohólicas como media para reducir su consumo y por esta vía reducir la ingestión calórica de los mexicanos.
Os agrego que el estudio no da respuesta específica a si la reducción en el consumo de las bebidas embotelladas o enlatadas se traduce en una mengua del consumo calórico. Otros estudios publicados por el ITAM, el Colegio de México –Colmex– y la UANL sí responden, diciendo que no, ya que la disminución fue menor a 0.5% en el total de calorías consumidas.
TRES APOSTILLAS. Los estudios mencionados muestran que el impuesto extra tuvo sólo una reducción entre seis y 10 calorías diarias considerando que la dieta promedio de los mexicanos es de tres mil 24 calorías, según la FAO. El estudio del ITAM plantea, además, que la sustitución a otros productos de menor precio o de contenido calórico similar parece haber implicado que el consumo calórico total de los hogares no haya cambiado significativamente. Pregunta obligada es, ¿si el impuesto extra ha impactado positivamente en el bienestar de los hogares? Los estudios concluyen que el efecto ha sido contrario. Se afectó el gasto total de los hogares mexicanos, especialmente en el de los sectores más bajos. Al observar la recaudación total desde la entrada en vigor del impuesto (un peso por litro) es claro que el consumidor reaccionó al cambio de precios, pero fue retomado su consumo habitual a lo largo del tiempo. Esto fue más evidente en 2015. De enero a noviembre de dicho año se recaudaron 19 mil 421 millones de pesos por litros vendidos, 13% más en comparación con el mismo periodo del año anterior. SALUD Y SALUDOS.
