Humanismo y evidencia: a partes iguales
SALUD. La civilización Occidental nos ha regalado el humanismo, ese ideal de integridad subjetiva, de súper abundancia que por infortunio está menguando enriquecedora de sí mismo y de los demás, y no quiere perder su oportunidad en estos tiempos de desorientación ...
SALUD. La civilización Occidental nos ha regalado el humanismo, ese ideal de integridad subjetiva, de súper abundancia —que por infortunio está menguando— enriquecedora de sí mismo y de los demás, y no quiere perder su oportunidad en estos tiempos de desorientación generalizada. La Medicina Basada en el Humanismo (MBH) es la medicina con alma. Petronio dejó escrito: “El médico no es otra cosa que el consuelo del alma”. Ser médico humanista es una forma de estar en sociedad. No es un añadido circunstancial. Es una opción personal y profesional demostrarse a las personas que acuden a él. No es cosa cosmética con color de cultura y aroma de esnobismo. Es compromiso con las personas y apuesta radical por una forma de entender al hombre y la vida. No percibe el legado recibido como bisutería intelectual, sino como carga que debe de cuidar y transmitir. Apostar por el humanismo es apostar como una forma de vida que se construye desde los valores y con la intención de que nuestras vidas dejen huella en la historia.
OS recuerdo que también se ejerce la Medicina Basada en Evidencia (MBE) consistente en la integración de cuatro puntos para la realización del diagnóstico, tratamiento y pronóstico de los pacientes. El primer punto es la evidencia de la investigación. Ya sea en ciencias básicas o en investigación clínica. Sirve para valorar las pruebas diagnósticas, los marcadores pronóstico y las pautas terapéuticas rehabilitadoras o preventivas. El segundo punto es la capacidad de utilizar las habilidades clínicas junto con la experiencia en la identificación del estado de salud y el diagnóstico del paciente. El tercer punto son los valores del paciente, conformados por las preocupaciones y expectativas de los pacientes, que son las preferencias, preocupaciones y expectativas de cada uno de ellos. El cuarto punto es que se debe valorar las circunstancias del paciente, y que hace referencia a la situación clínica individual, así como el entorno de cada paciente.
OS añado que ya han transcurrido 23 años de que fue creado el término MBE, ideado por Gordon Guyatt, en tanto que la MBH es mucho más antigua, pero vigente. El desarrollo, la diseminación de la MBE se ha debido a la necesidad diaria de información válida y actualizada. La falta de adecuación de las fuentes tradicionales. La disparidad entre las habilidades diagnósticas y el juicio clínico. La incapacidad para dedicar más de unos segundos a cada paciente, que es lo que sí se hace con generosidad dentro de la MBH.
TRES APOSTILLAS. El médico español José Letamendi (1828-1893), eminente patólogo y profesor de la Universidad de Barcelona, es autor de la acertada frase “Quien sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe”... Así es; si sólo conoce o medio conoce de enfermedades, pero carece de cultura que le permita indagar, dialogar y ponerse a nivel de la cultura que posee el paciente y así entender mejor su entorno, no sabe lo que es ser médico... Lo correcto, lo práctico, es echar mano, ante todo paciente, de la MBE y la MBH a partes iguales: a/a, que eso significaba cuando se extendía una receta, que se preparaba en las mismas farmacias, que significaba que dos de los componentes de esa prescripción iban a partes iguales. SALUD Y SALUDOS.
