Cuando el destino nos alcanza

Mucha fue la afectación que sufrió México por los sismos de 1985, pero no lo quebraron.

SALUD. Cuando una asignación, sobre todo si es desventurada, alcanza, afecta, a una colectividad humana lo mejor que ésta puede hacer para enfrentarla lo más adecuadamente posible es unirse, solidarizarse, trabajar conjuntamente como sucedió ante el par de devastadores sismos que afectaron a nuestro país los días 19 y 20 de septiembre de 1985, justo hace 30 años. En su momento el gobierno reportó que los fallecimientos ocasionados por esos temblores fueron de entre seis y siete mil. Sin embargo, tiempo después, con la apertura de información de varias fuentes oficiales, se dijo que los muertos fueron diez mil. El estadio de beisbol del Seguro Social fue usado para acomodar y reconocer los cadáveres que fueron cubiertos con hielo o con cal para retardar su descomposición. Las personas rescatadas con vida de entre los escombros fueron un poco más de cuatro mil. Algunas fueron sacadas con vida de entre los escombros hasta diez días después de haber ocurrido el primer sismo. El número de estructuras destruidas en su totalidad fue aproximadamente de 30 mil y las que sufrieron daños parciales ascendió a 68 mil.

Os recuerdo que entre los edificios emblemáticos afectados estuvieron los módulos central y norte del edificio Nuevo León en el conjunto urbano Nonoalco Tlatelolco. Tres edificios completos del Multifamiliar Juárez. Una de las Torres del Conjunto Pino Suárez, de más de 20 pisos que albergaba oficinas del gobierno. El lujoso hotel Regis que en una de sus esquinas tenía un enorme reloj que se paró exactamente a las 7:19 horas en que se inició el primer sismo. Varias fábricas de costuras en San Antonio Abad en las que laboraban cientos de mujeres que fallecieron al suceder el temblor.

Os rememoro también que hospitales como el General, el Juárez y el Centro Médico fueron severamente afectados y de los cuales se llegó a rescatar a poco más de dos mil personas que habían quedado atrapadas, tanto del personal como de los pacientes que se encontraban en ellos. Fue notable el hecho de que en los hospitales derrumbados una parte de los recién nacidos –algunos de ellos en incubadoras– se lograron rescatar. En especial tres recién nacidos (dos niñas y un niño) que fueron recuperados de entre los escombros del Hospital Juárez siete días después del terremoto.

TRES APOSTILLAS. A esos bebés se les llegó a conocer como “Los niños/bebés del milagro” o “El milagro del Hospital Juárez”; la razón de este sobrenombre fue que los siete días que permanecieron bajo los escombros, estuvieron completamente solos; no hubo nadie que les diera de comer ni beber, nadie que los cubriera y les diera calor, y a pesar de tener todo eso en contra, los tres salvaron su vida que todavía la conservan 30 años después... Mucha fue la afectación que sufrió México por esos sismos, pero no lo quebraron, ya que es un país que sabe salir adelante de sus quebrantos. Salvador Díaz Mirón en uno de sus poemas dice: “El ave canta, aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas”. Así es, así está México... Los mexicanos saben que habitan en un territorio ubicado en una zona de alta sismicidad que en cualquier momento puede volver a tener un sismo severo, por lo que cotidianamente se prepara, toma las providencias necesarias principalmente a través de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación y de la Cruz Roja Mexicana, instancias que “no se duermen en sus laureles”. SALUD Y SALUDOS.

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