La profesión médica es la más vigilada
Bastantes médicos han dejado la profesión porque les intimida el riesgo de producir daños.
SALUD. No existe paradoja más singular que la de los médicos provocando muertes y produciendo daños, considerando que su misión y responsabilidad social es, precisamente, lo contrario. No obstante, no hay duda de que los médicos pueden ser agentes etiológicos –iatrogénicos– de enfermedad y muerte. La práctica de la medicina conlleva el riesgo de provocar daños, incluso, en las mejores circunstancias con los mayores cuidados. La adopción literal del primun non nocere, un imperativo ancestral, lleva tan sólo a una parálisis operativa, pues admitiendo que la obligación primaria es no dañar se puede llegar al extremo de no actuar. Bastantes médicos se han retirado de la profesión porque les intimida el riesgo de producir daños involuntarios en los que resultan la segunda víctima, amén de las consecuentes demandas y reclamaciones. Gran parte de la gente olvida que un cierto daño es el precio que se tiene que pagar por el intento de crear mayores beneficios. Considerar la inocuidad como la calidad suprema ha propiciado que las personas se llenen de remedios ciertamente inofensivos, pero también ineficaces. No todos los daños producidos por los médicos son consecuencia de errores, puesto que también se generan por los inconvenientes inherentes a los procedimientos, diagnósticos y terapéuticos, y los hay accidentales. El error (una acción equivocada) puede ser prohijado por un mal juicio, ignorancia, inatención, negligencia o impericia.
Os recuerdo que, en la práctica médica, el error puede ocurrir en tres situaciones: por la realización de acciones innecesarias; por la ejecución inadecuada de maniobras útiles y necesarias; o por la omisión de intervenciones benéficas, a lo cual también se denomina sobreutilización, mala utilización y subutilización, entre los que se incluyen los errores de comisión y los de omisión.
TRES APOSTILLAS. Aun cuando la sociedad exige de los médicos las cualidades de: humanitarismo, compasión, empatía, solidaridad y otras, no suele concederles la condición de seres humanos si ésta implica imperfecciones. Aspira a que todos sean omnipresentes, benevolentes, dispuestos al apostolado del sacrificio, mesurados y capaces de liberarse totalmente de los afectos y demás estímulos subjetivos... Lo que la sociedad no suele reconocer ni aceptar es que los médicos son seres humanos y, por tanto, tienen sentimientos, temores, actitudes y son capaces de sentir lástima y amor, pero que también pueden ser presa, como cualquier otro ser humano de distracciones y descuidos. Por supuesto que sería idóneo y deseable que las debilidades humanas no influyeran en el trabajo técnico del médico... La verdadera incidencia de los errores médicos es muy difícil conocerla por varias razones. En primer lugar, hay una tendencia natural a ocultar, no sólo por el temor –cada día más vigente– de las demandas y reclamaciones, sino porque se requiere cierta madurez para admitir, aun en la intimidad, los errores propios y más para sacar provecho de ellos. A pesar de que en una encuesta realizada en Estados Unidos, 62% de los no médicos consideraba que los errores médicos deberían ser difundidos para que la ciudadanía se alerte, 86% de los médicos consideraron que los errores se deben de manejar de forma confidencial por una razón muy práctica que tiene que ver con el efecto terapéutico de la confianza en el médico. SALUD Y SALUDOS.
