Un solo planeta. Consumir con moderación (II)

SALUD. Continuando con el tópico del Día Mundial del Medio Ambiente DMMA ya señalábamos que son tres los principales factores que influyen en el equilibrio y manutención de un medio ambiente apropiado para que el ser humano pueda vivir y sobrevivir en él, sin ser ...

SALUD. Continuando con el tópico del Día Mundial del Medio Ambiente —DMMA— ya señalábamos que son tres los principales factores que influyen en el equilibrio y manutención de un medio ambiente apropiado para que el ser humano pueda vivir —y sobrevivir— en él, sin ser demasiado afectado por las alteraciones que los vivientes humanos provocamos: el agua, la energía y los alimentos. Ya repasamos los tópicos del agua y la energía, ahora versaremos respecto a los alimentos. A nivel global, entre un cuarto y un tercio de los alimentos producidos anualmente para consumo humano se pierde o se desperdicia. Esto equivale a cerca de mil 300 millones de toneladas de alimentos, lo que incluye 30% de los cereales, entre 40 y 50% de las raíces, frutas, hortalizas y semillas oleaginosas, 20% de las carnes y productos lácteos y 35% de los pescados. La FAO calcula que esos alimentos serían suficiente para alimentar a dos mil millones de personas. Las pérdidas se refieren a la disminución de la masa disponible de alimentos para consumo humano en las fases de producción, poscosecha, almacenamiento y transporte. El desperdicio de alimentos se refiere a las pérdidas derivadas de la decisión de desechar los alimentos que todavía tienen valor y se asocia, principalmente, con el comportamiento de los vendedores mayoristas y minoristas, servicios de venta de comida y consumidores. Se trata de uno de los grandes retos pendientes para conseguir la plena seguridad alimentaria. Un desafío frente al cual América Latina y El Caribe no son ajenos. La FAO considera que 6% de las pérdidas mundiales se dan en esta región la cual cada año pierde y/o desperdicia alrededor de 15% de sus alimentos disponibles no obstante que 47 millones de sus habitantes todavía viven, día a día, con hambre.

Os recuerdo que las pérdidas y desperdicios impactan la sostenibilidad de los sistemas alimentarios, reducen la disponibilidad local y mundial de alimentos, generan menores ingresos para los productores y aumentan los precios para los consumidores. Además, tienen un efecto negativo sobre el medio ambiente debido a la utilización no sostenible de los recursos naturales. Por lo anterior, enfrentar esta problemática es fundamental para avanzar en la lucha contra el hambre y debe convertirse en una prioridad.

Os agrego que con los alimentos que se pierden sólo al nivel de la venta al detalle —esto es en supermercados, almacenes y demás puestos de venta retail— se podría alimentar a más de 30 millones de personas, es decir 64% de quienes sufren hambre.

TRES APOSTILLAS. Las pérdidas y desperdicios totales acontecen en todos los eslabones de la cadena alimentaria: 28% ocurre a nivel del consumidor; 28% a nivel de producción, 17% en mercado y distribución y 22% durante el manejo y almacenamiento y el 5% restante a nivel de procesamiento... Es importante señalar que los países de la región a la que nos venimos refiriendo disponen de calorías más que suficientes para alimentar a todos sus ciudadanos, la enorme cantidad de alimentos perfectamente sanos y nutritivos que se pierden o que acaban en los botes de la basura es sencillamente inaceptable mientras el hambre continúe afectando a una gran porción de la humanidad... Consumir con moderación —como señala el lema: “Un solo planeta, consumir con moderación”— más bien pone énfasis en ser moderados en el consumo del agua y la energía. SALUD Y SALUDOS.

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