Cuando apenas estábamos digiriendo una noticia estruendosa, ¡PUM!, suena otra, y así va el dinamismo en las Grandes Ligas. Mucho se puede comentar de cuál cantidad de juegos es la “ventana de paciencia” para cepillar al manejador con un mal inicio de campaña, cuando, en Boston, los Medias Rojas acababan de darle las gracias a Alex Cora; en Filadelfia, los Phillies sonaron su campana y directito al casco le notificaron a Rob Thomson lo mismo: YA NO MÁS.
Un hábil manejador en temporada regular, sin contar la también ganadora (65-46) temporada para él incompleta en 2022, puso Thomson puros cañonazos ganadores con 90, 95 y 96 éxitos en subsecuentes calendarios, la verdad, como para presumir, aunque allá en Pensilvania es visible su intención de ir por todas las canicas, quizá no le perdonan no ganar ni una sola Serie Mundial en esos años con muy buenos equipos, los cuales le han armado. Aquí viene la presencia de Dave Dombrowski como el directivo de las operaciones beisboleras (en otros deportes le llaman “la parte deportiva”), quien tomó la decisión, el pasado domingo, de llamarle nada menos que a Alex Cora, ¡ni siquiera 24 horas después de ser despedido!
Puede decirse “así es esto, en el beisbol debes tener las maletas hechas; los resultados nos rigen los destinos”, y hasta armar un cuento casi como de Ray Bradbury, la cuestión es… las formas. Por mucho que Dombrowski y Cora hayan sido artífices de aquel campeonato de 2018 para los patirrojos, pues, como dicen por ahí, al menos fíngele tantito, compadre.
Ok, es una industria, la de la pelota caliente, con muchos —pero muchos— millones de dólares en juego, puede, igualmente, argumentarse con aquello de “no puedes ser consecuente o no puedes permitirte el ser suave”, solamente queda cuestionar si ganar unos días con un interino podría, efectivamente, resolver esas carencias para un equipo definitivamente contendiente como los Phillies, mostrándolas con esa horrorosa marca arriba de .500 y, al parecer, en tobogán.
Siendo “resultadistas”, ¿se justifica la decisión de la oficina de Filadelfia? Es la pregunta en el aire, pero también otro eterno cuestionamiento del beisbol llega implacable: ¿el nuevo timonel trae el bálsamo, el agua de tlacote, la “varita mágica” de las victorias?
Vimos hace escasas jornadas a Alex Cora, literalmente, con la maquinaria hecha un desastre con los Medias Rojas, benditas sean las oportunidades y el fresh start, aunque aquí todas las dudas son válidas.
Si suenan las advertencias para, al menos, una quinteta de timoneles más, al parecer ya no sería una simple sorpresa, la cuestión es si se justifican esos movimientos en pos de un verdaderamente “mejor beisbol”, porque este espectáculo caro y demandante, pues sí, está devorando expectativas.
