El carácter estratégico del desarrollo regional

México es un país escindido por sus acentuados desequilibrios y contrastes en distintos frentes. El más visible es la pobreza. Pero también hay otros directamente relacionados con los rezagos económicos y la exclusión social, que constituyen problemas estructurales ...

México es un país escindido por sus acentuados desequilibrios y contrastes en distintos frentes. El más visible es la pobreza. Pero también hay otros directamente relacionados con los rezagos económicos y la exclusión social, que constituyen problemas estructurales del Estado. Uno de ellos es la desigualdad regional que, no obstante su carácter estratégico para el desarrollo y la seguridad, fue prácticamente abandonado por los anteriores gobiernos.

Buena parte de los fenómenos y conflictos más críticos de los últimos veinte años, desde el levantamiento del EZLN en Chiapas, en 1994, hasta la barbarie de Iguala, en 2014, pasando por la ingobernabilidad en Guerrero, Michoacán y Oaxaca o las zonas dominadas por el crimen organizado, tienen su origen en los profundos desequilibrios en el desarrollo regional, reflejados en los indicadores de calidad de vida, seguridad, productividad e infraestructura. En efecto, por encima de la distribución de facultades y las divisiones político-administrativas del sistema federal, la visión integral y funcional del territorio nacional plantea desafíos y oportunidades que ni las políticas sectoriales del gobierno de la República ni las políticas locales de los gobiernos de los estados y municipios podrán superar y aprovechar mientras no se articulen bajo la lógica del desarrollo regional.

El Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 fija como prioridad la planeación del desarrollo desde la perspectiva regional, tanto para superar los agudos rezagos e impulsar las vocaciones productivas de la región Sur-Sureste, como para extender y consolidar los avances en la regiones Centro y Norte. En línea con dicha prioridad, la Política Nacional de Desarrollo Regional y los instrumentos programáticos derivados de ella, han orientado nuevos esfuerzos de planeación y concertación entre los tres órdenes de gobierno, con la concurrencia de instituciones académicas, sectores productivos y organizaciones de la sociedad, así como un significativo trabajo en el ámbito internacional, con fines de cooperación e intercambio de experiencias.

La relevancia estratégica de esta visión es muy clara. Por ejemplo, la región de Tierra Caliente —que involucra a Guerrero, Estado de México y Michoacán— tiene problemas comunes de pobreza, destrucción del tejido social, falta de infraestructura, debilidad institucional y dominio del crimen organizado. Lo mismo ocurre, aunque en condiciones muy diferentes, en la región Noroeste —Baja California, Baja California Sur, Sinaloa y Sonora—, que conforma un corredor económico pujante, pero con obstáculos para alcanzar más agregación de valor y competitividad en sus actividades productivas. Son realidades de carácter funcional y multifactorial que trascienden los límites territoriales formales; y la única vía para enfrentar sus problemas y aprovechar sus  oportunidades pasa por el diseño e implementación de políticas que articulen a los tres órdenes de gobierno bajo la lógica del desarrollo regional.

Con esos propósitos se han realizado esfuerzos de gran valor. Destacan los programas especiales para el desarrollo de estas —y otras— regiones, mediante la colaboración entre SEDATU e instituciones académicas como el Colegio de Michoacán y el Colegio de la Frontera Norte. En el ámbito internacional, cabe destacar que hoy México asumirá la presidencia de la Red Latinoamericana de Políticas Públicas para el Desarrollo Regional, un foro clave para fortalecer estas políticas que, reitero, fueron relegadas por años. Sostener y reforzar esta visión del desarrollo es indispensable para enfrentar con éxito este problema estructural del Estado mexicano.

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