Civilidad y exigencias ciudadanas

La sociedad mexicana, a pesar de todo, le sigue apostando a la vía democrática. Fueron instaladas 148, 387 casillas, sólo 449 menos de las previstas; millones de ciudadanos acudieron a votar y, con la información disponible al cierre de estas líneas, los incidentes se limitaron a pocos distritos, sin consecuencias. La jornada electoral entraña un signo alentador de responsabilidad y madurez ciudadanas ante el descrédito de los partidos políticos, las deformaciones de las instituciones públicas, el brutal desafío del crimen organizado y los embates en contra del orden constitucional por parte de los sectores más radicales del magisterio, y otros grupos ultras absolutamente desorbitados.

Tanto las expresiones de respaldo hacia una u otra opción electoral, como las de rechazo o desprecio a todas las opciones, son el reflejo de una sociedad diversa —con una amplia gama de percepciones, demandas, ideas y aspiraciones— cuyo ejercicio de civilidad, activo o pasivo, en contra de la ruptura del entramado normativo e institucional de nuestra Constitución, acredita la fortaleza de su convicción democrática y, al mismo tiempo, revela su exigencia de cambios estructurales frente a viejos y nuevos agravios, desde la profunda desigualdad social y económica que escinde al país, hasta el ofensivo régimen de privilegios, corrupción e impunidad de buena parte de las élites políticas y empresariales, pasando por los terribles daños humanos, sociales y materiales derivados de la inseguridad y la violencia.

Por ello, no hay lugar para la celebración ni la autocomplacencia de los partidos. Todos incurrieron en violaciones a la ley en este proceso electoral, según informan las autoridades electorales, pero, más aún, todos son corresponsables de los excesos y las desviaciones del poder público que tanto han dificultado y afectado el proceso de consolidación de la democracia en México, así como de los obstáculos que, en distintos frentes, han impedido o frenado un desarrollo económico y social incluyente, sostenido y sustentable.

La demostración de civilidad de la gran mayoría de la sociedad mexicana, exige una respuesta con el mismo nivel de responsabilidad y madurez por parte de los actores políticos, una obligación ética que ninguno puede eludir. ¿Qué significa esto, en concreto?

La agenda nacional está cargada de muchas asignaturas no resueltas, entre las cuales destaco cuatro que constituyen el centro de las exigencias ciudadanas expresadas en los últimos meses y que, por lo tanto, deben constituir el eje de la acción política en los siguientes tres años: Construir un piso de legalidad universal, donde todas las personas, sin excepción, tengan acceso a la justicia e igualdad de oportunidades para ejercer y defender sus derechos y libertades; hacer efectivas y profundizar las reformas en materia de prevención y combate a la corrupción, núcleo de la más honda deformación de valores, leyes, instituciones y negocios; materializar y extender los contenidos y alcances de la reforma educativa, condición indispensable para la viabilidad del país y el bienestar de las siguientes generaciones; e impulsar, dentro y fuera de México, una nueva visión y un cambio estratégico para enfrentar en un marco de corresponsabilidad global, con más inteligencia y menos armas, con más desarrollo social y menos policías, el desafío de las drogas y el crimen organizado. Ya habrá tiempo para hablar de los resultados de la elección.             

Temas: