Guerra contra el narco: el mito de Sísifo
Como el dramático personaje de la mitología griega —condenado por los dioses a la ceguera y al perpetuo arrastre de una gran roca hasta la cima de una montaña, desde la cual, tras el fugaz instante de triunfo, al término de cada infausta jornada, su pesada carga caía rodando al punto de partida, obligándolo a iniciar al día siguiente la dura e inútil faena—, nuestro país parece sufrir el castigo, en este caso descarnadamente terrenal, de una lucha interminable que, tras cada efímero logro, tras cada momento de aparente culminación, vuelve a comenzar cada día.
El llamado Cártel Jalisco Nueva Generación y su ostensible demostración de poder y organización el pasado 1º de mayo, nos lo recuerdan con crudeza. Ahora fue esta banda criminal, pero podría haber sido y será cualquier otra cuando ésta sea desmembrada o reducida. Es una lucha —el arrastre diario de esta pesada carga— que no tendrá fin mientras el círculo vicioso de la demanda de drogas ilegales, la venta de armas, las descomunales ganancias de esos negocios y, por supuesto, su poder corruptor social e institucional, no sea roto; y la única vía para romperlo pasa necesariamente por un cambio sustantivo y estratégico que, en forma gradual pero consistente, nos libere del absurdo en el que estamos atrapados.
No se trata de acotar y, menos aun, abandonar la función y la acción del Estado en materia de seguridad contra las organizaciones criminales. Esta es una idea falsa que suelen imputarnos a quienes hemos cuestionado reiteradamente la visión y estrategia centradas en la confrontación armada. De lo que se trata es de reformular concepciones y redistribuir cargas y responsabilidades para hacer de esta lucha un ejercicio de corresponsabilidad global, basado en la prevención y el tratamiento de adicciones, la inclusión y el desarrollo social, el control del tráfico de armas, el fortalecimiento de las instituciones y el combate a la corrupción.
Unos días después de los violentos e inusitados hechos ocurridos en Jalisco, donde, además de los ataques mortales a las fuerzas armadas, más de 30 municipios de ésa y otras entidades fueron azotados por una oleada de actos de terror criminal, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, participó en el Diálogo de Alto Nivel sobre el Problema Mundial de las Drogas, una reunión preparatoria de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas que, en torno a este desafío, se llevará a cabo en abril de 2016. El funcionario mexicano subrayó en este encuentro la necesidad de revisar la estrategia internacional de combate a las drogas, a partir de una visión compartida sobre el carácter multifactorial del problema y sus altos costos sociales y económicos, así como sus implicaciones en materia de salud y derechos humanos.
La posición fijada por México plantea un cambio indispensable para hacer frente con otra visión y estrategia a un fenómeno que, bajo los términos actuales, seguirá destruyendo sociedades e instituciones, sobre todo en los países que, como el nuestro, cargan con la peor parte de un negocio de proporciones inconmensurables, cuyo principal motor ha sido la enorme demanda de los mercados de Estados Unidos y Europa; donde, por si fuera poco, cada gramo de droga ilegal multiplica exponencialmente su valor, generando allí las mayores ganancias, a las cuales deben sumarse las cuantiosísimas utilidades de la exportación formal e informal del armamento con el que las fuerzas de seguridad y las bandas de narcotraficantes libran las sangrientas batallas que han significado la pérdida de tantas vidas, paz social y recursos económicos. La exigencia, ahora, es construir los consensos necesarios, dentro y fuera de México, para fortalecer los planteamientos del gobierno mexicano.
