Del 30 de abril al 1º de mayo

El 30 de abril y el 1º de mayo se celebran el Día del Niño y el Día de los Trabajadores, respectivamente. La secuencia inmediata de estas fechas en el calendario es una singularidad mexicana. El día dedicado a la infancia, desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas reafirmó la universalidad de sus derechos en 1959, es el 20 de noviembre, aunque no se trata de una fecha de observancia obligatoria, por lo cual la celebración en muchos países se realiza en fechas distintas. El día dedicado a los trabajadores, en cambio, tiene una fecha compartida internacionalmente.

Pero lo cierto es que no hay ningún otro caso donde no medie ni siquiera un segundo entre estas dos celebraciones. Hay, pues, en nuestro país, un instante entre la conmemoración de los derechos de la infancia y de los derechos de los trabajadores que sintetiza una injusta y persistente doble condición: niños trabajadores.

Los datos del INEGI (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo) reflejan una realidad que, al anular en gran medida los procesos de formación física, emocional e intelectual de la infancia —fundamentales para la construcción de una vida digna, libre y sana de las personas—, suele dañar irremediablemente su futuro. Más de tres millones de niñas, niños y adolescentes de cinco a 17 años trabajan en México, de los cuales 68% son hombres y 32% mujeres. Esto representa más de 12% de la población infantil correspondiente a este grupo de edad.

Los motivos que los conducen a realizar alguna actividad laboral son diversos, pero todos asociados, como es evidente, a la pobreza y la exclusión social. Destacan los siguientes: el hogar necesita de su trabajo, 27.1% (cuando participan en una actividad productiva familiar); para pagar su escuela o sus propios gastos, 25.7%; aprender un oficio, 15.5%; el hogar necesita su aportación económica, 13% (cuando, a diferencia del primer motivo, la actividad productiva la realizan fuera del hogar).

En cuanto a la remuneración, 44% de la población infantil que realiza actividades económicas no recibe ingresos; 28.3% percibe hasta un salario mínimo; y 17.8% obtiene más de uno y hasta dos salarios mínimos. Así, además de los daños y distorsiones en su formación, las niñas y los niños trabajadores son explotados, sin ingresos o con ingresos muy bajos. Respecto al tipo de actividad o sector donde laboran, los datos muestran lo siguiente: agropecuario, 29.5%; servicios, 26.7%; comercio, 25.4%; industria manufacturera, 11.9% y, construcción, 4.8 por ciento. Por la condición ilegal del trabajo infantil entre quienes son menores de 14 años, así como por la informalidad económica de muchas de las actividades en las que participan, la inmensa mayoría carece de seguridad o acceso a servicios de salud y garantías de seguridad e higiene en el trabajo. De los niños, niñas y adolescentes de cinco a 17 años que trabajan, indica el INEGI, 14% sufre cansancio o agotamiento regulares a consecuencia de su jornada laboral; y 4% manifestó haber sufrido algún accidente o lesión en su trabajo.

Lo más grave es que esta doble condición de niños trabajadores los condena a la reproducción de los círculos viciosos de la exclusión y la falta de oportunidades para elevar su calidad de vida, ya que 40% de los niños y niñas de este grupo de edad que se dedican a una actividad laboral no va a la escuela (1.2 millones). El mapa de la desigualdad se refleja también en su lugar de residencia: 70% de los niños que trabajan habita en zonas rurales (2.2 millones), en la mayoría de los casos en poblaciones pequeñas y aisladas.

¿Qué proponen partidos y candidatos en campaña para encarar y superar esta dolorosa y devastadora realidad? Quizá puedan dedicar unos minutos a pensar en ello durante la noche del 30 de abril al 1º de mayo.

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