¿Lucha infinita contra el narcotráfico?

La captura de la Tuta y el Z42, como la de cualquier capo o sicario del narcotráfico, significan un golpe a la impunidad y, sólo por ello, representan un logro en el cumplimiento de las funciones de inteligencia y seguridad del Estado. Sin embargo, como todos sabemos, no ...

La captura de la Tuta y el Z-42, como la de cualquier capo o sicario del narcotráfico, significan un golpe a la impunidad y, sólo por ello, representan un logro en el cumplimiento de las funciones de inteligencia y seguridad del Estado. Sin embargo, como todos sabemos, no implican soluciones de fondo en una lucha que será interminable mientras no haya un cambio conceptual, legal y estratégico frente a un desafío que trasciende por mucho la dimensión policial. Las causas y manifestaciones sociales del problema, así como la implacable lógica del mercado, siempre determinada por la demanda, conforman el núcleo del círculo vicioso.

Las políticas de prevención social del problema son fundamentales, pues constituyen la única vía para modificar las condiciones que propician las adicciones y el reclutamiento de jóvenes por parte de las organizaciones criminales. Los programas y acciones desplegados por el actual gobierno apuntan en el sentido correcto y deben sostenerse y ampliarse. No obstante, aunque se trata de la exigencia social y humana más importante, sus resultados no serán inmediatos. La clave, por lo tanto, radica en el mercado, sobre todo el norteamericano, cuya dinámica mantendrá a México atrapado en la espiral de inseguridad, violencia, corrupción e impunidad. ¿Cuánto tiempo más puede y debe aguantar nuestro país una situación original y sustancialmente generada por la demanda de drogas de Estados Unidos? 

De nada sirve que Clinton haya ofrecido disculpas por haber provocado que nuestro territorio se convirtiera —según dijo en su más reciente visita a México— en ruta y centro de operaciones de los narcotraficantes, al haber cerrado las vías aérea y marítima para el ingreso de drogas a su país. Tampoco sirve de nada que las autoridades norteamericanas reconozcan que su poderosa industria armamentística es la proveedora de las armas con las que operan y matan los criminales mexicanos, dejando allá ganancias por miles de millones de dólares y aquí pérdidas de miles de vidas. Menos aun sirven los recursos que aportan nuestros vecinos para el combate a las organizaciones de narcotraficantes que, en comparación con el valor del mercado y el monto de sus utilidades, son una nimiedad.

Sobra decir que la definición de nuevos términos conceptuales, legales y estratégicos frente a este desafío, con el fin de poner el acento en la prevención de adicciones y en el debilitamiento del negocio del narcotráfico mediante la regulación de las llamadas drogas blandas, implicaría serias dificultades con Estados Unidos. Pero lo cierto es que no hay dificultad más seria para México que los altísimos costos humanos, sociales, económicos e institucionales que seguiremos pagando en una lucha que, bajo las condiciones actuales, será infinita.    

                *Socio consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com

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