La ocurrencia de los salarios mínimos

La propuestade aumentar los montos de los salarios mínimos en nuestro país parece más una ocurrencia...

El principio de los salarios mínimos, como buena parte de los derechos laborales hoy reconocidos, tiene sus raíces en los grandes movimientos revolucionarios y sociales de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, así como en las reivindicaciones encabezadas por las organizaciones sindicales que, más tarde, fueron plasmadas formalmente en diversas convenciones de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y en los ordenamientos constitucionales de algunos países. Su sentido a favor de la justicia social y la dignidad humana era sencillamente irrebatible, frente a la más absoluta desprotección en la que se encontraba la inmensa mayoría de los trabajadores. Se trataba de garantizar por la vía legal una remuneración mínima que fuera suficiente para generar condiciones básicas de bienestar a los asalariados y sus familias. La evolución de estos procesos reformistas a lo largo del siglo pasado permitió extender en forma gradual, pero consistente, los derechos laborales, así como ampliar la cobertura y los alcances de la seguridad social.

No cabe duda de que en México, como en otros países, los derechos de los trabajadores han sido una de las piedras angulares para los avances y logros en materia de derechos humanos y bienestar social, así como para el combate a la explotación laboral; de allí que, en principio, cualquier cambio a favor de la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores deba ser bienvenido, siempre y cuando sea serio y sustentable. Sin embargo, la propuesta de aumentar los montos de los salarios mínimos en nuestro país, planteada por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, primero, y por el presidente del PAN, después, parece más una ocurrencia, con sentido populista y electoral, que la expresión seria de una visión de cambio sustentable y pertinente que, en efecto, sirva para combatir la profunda desigualdad y los graves problemas de marginación y pobreza. Dicho en otros términos: la solución de estos problemas no pasa por decretar el aumento de los salarios mínimos.

Las razones son evidentes. Los salarios mínimos tienen sentido y pertinencia en el ámbito del trabajo formal; los segmentos más pobres del país viven en la informalidad laboral; su inserción en el empleo formal o el incremento de sus ingresos no se resuelven por decreto; y, por ello, el aumento de los salarios mínimos, mientras sigan fuera de la formalidad, ni les va ni les viene. Los grandes retos para un cambio real y sustentable en las remuneraciones y la calidad de vida de los trabajadores radican en la formación de capital humano, la transferencia de conocimiento y la innovación tecnológica en los procesos productivos y, en última instancia, en el incremento de la productividad y la competitividad.

                *Socio consultor de Consultiva

                abegne.guerra@gmail.com

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