Como broma, Clara Brugada ya fue demasiado lejos con eso de ajolotizar la capital, pues, detrás de su línea de “urbanismo mundial”, al parecer la jefa de Gobierno se ha mimetizado con ese anfibio, a tal grado que olvida su responsabilidad: el bienestar social de los capitalinos.
La funcionaria viste trajes morados y tenis púrpura, con brillos similares a los que se usan en la lucha libre, y durante su reciente ponencia en el foro urbano en Azerbaiyán presumió esa vestimenta en las participaciones que tuvo; muy su gusto.
Pero en redes circula un meme sobre su declaración de que son clasistas quienes critican que pinte la ciudad de ajolotes morados “para quitarle lo gris”; le recuerdan que los ajolotes son grises.
Si en verdad los quiere mucho, que implemente un programa de saneamiento de su hábitat, básicamente en los contaminados canales de Xochimilco. Porque están en serio peligro de extinción, al grado de que es mayor el número de ajolotes que ella pinta a los que existen.
Y, lo más grave, como no tiene idea de gobierno, se dedica a acciones cosméticas argumentando que “una ciudad no solamente debe ser funcional, también debe ser segura, ordenada y visualmente digna”.
Muy bien, ¿pero en dónde está lo funcional, segura y ordenada? Muchos se empiezan a preguntar si doña Clara está actuando o en realidad se está mimetizando con los anfibios.
Es la única que no se da cuenta —o no quiere ver— que en las mismas encuestas que utiliza para presumir que es muy popular ponen a la Ciudad de México en el top de las peores entidades del país.
No hay rubro donde su gobierno esté bien calificado; al contrario, los servicios están peor que nunca y, al parecer, su única agenda es el Mundial, que arranca en 17 días, aunque la CDMX recibirá solamente cinco partidos.
Su preocupación es lo que vayan a pensar las visitas, a las que quiere mostrar una ciudad moderna, segura, conectada y con servicios públicos de primera, aunque no existan. El Metro sigue en obra negra; su ciclopista, vacía; los baches, creciendo, y las calles inundadas.
Busca aparentar que la CDMX es un paraíso y para ello tira cientos de millones de pesos en acciones cosméticas para 40 días. No le importa que, para agosto, el infierno esté de vuelta en las calles capitalinas.
La anfibia funcionaria acusa una campaña para desacreditar su trabajo y pregunta. “¿A quiénes les interesa que este gobierno aparezca como que no hace nada más que lo superficial?”.
¿Será que en serio ya la perdimos?
CENTAVITOS
Morenistas identificados con la diputada Cecilia Vadillo organizaron toda la semana bloqueos viales en contra de la construcción de una torre de departamentos en Alto Polanco porque la empresa inmobiliaria no cumplió con las obras de mitigación de tres torres construidas con anterioridad. Lo curioso es que esas torres —ya habitadas— se hicieron durante la administración del también morenista Víctor Hugo Romo, su compañero de aventuras. Pero eso es lo de menos, lo importante es usar la falsa protesta para increpar al alcalde Mauricio Tabe, que hoy comparecerá en Donceles y que dejó a los guindas bien ardidos el año pasado al plantarlos en su casa. En aquella ocasión, Tabe se presentó en tiempo y forma, pero los diputados se movieron de última hora a un salón mucho más pequeño, donde querían arrinconarlo sin siquiera dejar que entrara su equipo. El panista les tiró el teatro presentándose al lugar indicado originalmente y no se movió; los guindas quieren venganza.
