Cada vez más gente se pregunta —ahora sí en serio— qué le debe Clara Brugada a César Arnulfo Cravioto, o qué le sabe éste a la exalcaldesa de Iztapalapa, como para que lo aguante en la Secretaría de Gobierno a pesar de sus continuas pifias como segundo de abordo.
La lista de desastres es larga; la mayoría han expuesto a la propia jefa de Gobierno no sólo al ridículo, sino a perder el control de la ciudad, y muy probablemente, si no corrige a tiempo, las elecciones del próximo año.
Pruebas de que Arnulfo es incapaz están a la vista, y evidencias de que es un tipo corrupto, que aprovecha su posición para sus negocios personales, abundan. Como vivir 10 años de gorra en Polanco a cambio de favorecer a una asociación civil desde el gobierno.
Como payasito frustrado no pasaba de causar pena y dar origen a que hasta sus propios subordinados se mofaran de él. Pero como encargado del funcionamiento de la capital, ahí sí preocupa.
Dejando atrás su actuación de cuando recomendó a la ciudadanía tomar jarabe Ajolotius para no hacerla de tos por los desastres de las obras del gobierno, el tipo está poniendo en riesgo no sólo a los ciudadanos, sino al propio proyecto de su jefa.
La agresión del martes contra la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega en plena Zona Rosa, por parte de comerciantes informales, debería encender las alertas en Ajolotitlán.
Cierto que Rojo de la Vega es como una chiva loca que se mete por todos lados, pero a final de cuentas se trata de una alcaldesa de la Ciudad de México electa en urnas, y es su estilo de gobernar; a la propia Clara le convendría cuidarla.
¿Qué pasaría si —hay que tocar madera para que nunca ocurra— a algún vándalo de los que la agredieron se le pasa la mano y le causa la muerte? Una tragedia de ese tamaño contra la autoridad de la alcaldía huésped del Fan Fest más grande destrozaría la imagen del país.
Por eso Cravioto tendría que estar pendiente de que los ánimos no se desborden. Si no se quiere presentar en el sitio porque luego lo corren y lo insultan, debería instruir a la Secretaría de Seguridad Ciudadana para que ponga orden y proteja a ciudadanos, visitantes y autoridades.
Pero a pesar de que los hechos ocurrieron a una cuadra de su secretaría, Pablo Vázquez no movió un sólo dedo para enviar a sus agentes. No es la primera vez que Alessandra le pide paro al jefe de la Policía capitalina y éste se sordea, obviamente por instrucciones del Zócalo.
En general, Vázquez es un funcionario aplicado, pero está sometido a los caprichos de Arnulfo, que todo lo ve como grilla, cuando en realidad lo tendría que ver como funcionario que tiene la gran responsabilidad de que la capital camine bien y en paz.
¿Hasta que haya una tragedia lo van a echar...? Igual ni con eso.
Por eso la mayoría se pregunta si le sabe algo a la doñita, o ella le debe algo a él, pues en la corta historia de la capital como entidad autónoma, no se recuerda a un secretario de Gobierno tan chiquito.
CENTAVITOS
Aunque visiblemente disminuida en número, no hay que quitar el ojo a la CNTE, que ayer intentó llegar al Estadio Azteca para protestar durante el partido entre Colombia y Uzbekistán. Cierto que hubo mucho menos que la semana pasada, pero hay quienes apuestan a que fue sólo un ensayo para regresar el próximo jueves, cuando México enfrente a Chequia y haya más reflectores. Los observadores piden no quitarle el ojo a los de la CETEG guerrerense, quienes no se andan por las ramas; el problema aún no ha terminado.
