Si de repente ven que los ajolotes morados se empiezan a poner verdes en la Ciudad de México, puede ser por el coraje que debió hacer su reina, Clara Brugada, cuya popularidad se derrumbó 20 puntos en los últimos meses.
Y es que la reina de Ajolotitlan apareció con un raquítico 56% de aprobación, según una encuesta publicada por la misma empresa que anteriormente la había puesto casi arañando 80 por ciento.
De acuerdo con El Financiero, las principales causas del descenso de Brugada se deben, principalmente, al pésimo transporte público y las obras del mundial, pero hay dos rubros que sacan urticaria: la corrupción y las extorsiones.
Parece que los capitalinos no se creen el mantra morenista de “no robar”, pues seis de cada 10 encuestados —el 64%— piensa que el anfibio gobierno es corrupto: o sea, la mayoría opina que los guindas son unos pillazos.
Por si eso fuera poco, en materia de extorsiones siete de cada 10 capitalinos afirma que el delito de extorsión está entre los más graves, y eso sí calienta porque pega a la seguridad de las familias de todos los estratos sociales.
Ante esos señalamientos, el gobierno de la doñita del Ayuntamiento no tiene cómo defenderse, pues lo mismo policías que funcionarios públicos practican a diario el deporte de sacar dinero a los capitalinos, aunque oficialmente no deban nada.
Seguramente el Gobierno de la Ciudad de México descalificará esta reciente encuesta de El Financiero, aunque sea la misma fuente que tanto Brugada como la presidenta Claudia Sheinbaum presumen constantemente desde el inicio de su mandato, pues siempre salían aprobadas.
En el caso de la inquilina de Palacio Nacional, aunque también cayó, los número indican que todavía mantiene índices de aprobación, pero en el caso de la anfibia funcionaria de la capital, esa sí está más que reprobada.
En mala hora para doña Clara se presenta este ejercicio, pues la inauguración del Mundial está a menos de dos semanas, y la percepción de que la CDMX es un muladar, y de que sus habitantes están hartos de su gobierno, va en aumento.
A los desastres en el Metro y el Tren Ligero, se suman las calles de la capital que se inundan por falta de drenaje. Los grupos de inconformes que a diario bloquean las vialidades y una administración que tira el dinero pintando de morado y al día siguiente repintándolo de amarillo.
Y mientras su gobierno se derrumba, Clara se la pasa invitando a hacer olas gigantescas y a participar en desfiles alegóricos por la ciudad, para ir a tono con el mentado Mundial.
Con todo y eso, su gobierno se derrumba estrepitosamente.
CENTAVITOS
Sólo una cosa tenía que hacer la consejera jurídica de la Presidencia, María Luisa Albores; no, perdón, Luisa María Alcalde, es que siempre las confunden: publicar los dictámenes aprobados el viernes pasado por el Congreso relativos al aplazamiento de la elección de jueces y a la anulación de las elecciones por la injerencia extranjera. Bastaba oficializar las resoluciones para que los congresos estatales armonizaran sus leyes, pero a la maestra en Derecho se les pasó, lo que provocó una cadena de pifias en todo el país. En Donceles se citó ayer a las 10:00 horas a los diputados para que votaran los dictámenes, pero no llegaron; tuvieron que decretar un receso mientras arreglaban el asunto. Hubiera sido fácil que la coordinadora morenista Xóchitl Bravo se comunicara con Alcalde, pero nada de eso ocurrió, como si fueran opositoras… a lo mejor sí los son.
