De chalana a jefa en Donceles

¿Será importante para Morena que quien coordine su bancada en Donceles tenga un mínimo de capacidad legislativa, que, se supone, es la principal actividad en el Congreso de la Ciudad de México? Pues al parecer lo de menos es conocimiento y liderazgo, ya que en poco ...

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

¿Será importante para Morena que quien coordine su bancada en Donceles tenga un mínimo de capacidad legislativa, que, se supone, es la principal actividad en el Congreso de la Ciudad de México?

Pues al parecer lo de menos es conocimiento y liderazgo, ya que en poco más de un año van ya por su tercer coordinador; quienes han estado no han aguantado ni a sus propios compañeros.

Cuando arrancó la actual legislatura, desde arriba impusieron a Ernestina Godoy al frente de la fracción, cargo en el que, ni con todo el apoyo, pudo asentarse, y se caracterizó más por sus pifias y su falta de control que por sus aciertos.

Tan mala chamba hizo que sus padrinos tuvieron que rescatarla, primero como procuradora de Justicia del DF y, después, torciendo todo tipo de ley para hacerle un traje a la medida e imponerla como fiscal capitalina; malísima también.

Ernestina no aguantó ni un trimestre y se fue sin siquiera haber podido procesar a su relevo, pues desde entonces José Luis Rodríguez —uno de los que hoy aspiran al cargo— la derrotó, al menos, en tres ocasiones.

Luego vino un acuerdo para dejarle el puesto a Ricardo Ruiz, diputado suplente y eterno micifuz de Alejandro Encinas, quien, apenas rindió protesta, pidió licencia para irse como subsecretario de Derechos Humanos en Gobernación.

Desde su llegada, Ruiz fue visto como un improvisado y nadie le dio su respaldo, al grado de que al interior de la bancada lo bautizaron como El Mandibulín, en alusión a un tiburón de las antiguas caricaturas cuyo lema era: “A mí nadie me respeta”.

Durante su coordinación, la bancada se le partió hasta en tres y fue incapaz de entregar buenas cuentas a Claudia Sheinbaum, quien, se supone, lo apoyó para que le sacara la chamba en Donceles; tuvo que huir en diciembre. Ahora que Morena busca a su sustituto, el mismo Rodríguez vuelve a contender —y a derrotarlos—, por lo que los opositores internos a Claudia en el Congreso han impulsado a diversos personajes para tratar de quedarse con la posición.

Primero fue al impresentable Rigoberto Salgado, exdelegado del PRD en Tláhuac —de donde salió acusado de vínculos con el crimen organizado—, y como no se pudo sostener, ahora los rebeldes, encabezados por Valentina Batres, impulsan a Martha Ávila Ventura.

¿Que quién es esa mujer?, pues la chalana más destacada de la fracción, ya que desde que ocupó la curul que dejó Ernestina, en noviembre de 2018, se la ha pasado a cargo del pase de lista y lectura de acuerdos en tribuna.

O sea, de mil usos, porque legislar, lo que se dice legislar, pues nomás no.

¿Por qué entonces Valentina y sus rémoras proponen que una chalana los coordine, si en 14 meses como diputada suplente no ha demostrado la menor capacidad, a pesar de gastarse 268 mil pesos mensuales en asesores?

Pues muy fácil, porque, precisamente por su ignorancia y falta de liderazgo, es completamente dócil y manejable para los intereses económicos y políticos de quienes la impulsan.

CENTAVITOS

Por cierto, la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena, que hoy quiere decidir el asunto de sus diputados en Donceles, es la misma que el TEPJF bateó el año pasado, cuando quiso intervenir en un acto similar en el Senado, donde otro Batres hacía grilla. Basta decir con que Héctor Díaz Polanco, titular del órgano, es repudiado hasta por sus propios compañeros.

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