Una reciente nota publicada en el diario Reforma sobre los inmuebles, terrenos y cuentas bancarias que por 47 millones de pesos “le brotaron” al director del Infonavit, Octavio Romero Oropeza, es sólo un ejemplo de lo que a diario se descubre a los políticos de Morena.
Lo de Octavio no es nuevo; desde que fue oficial mayor de Andrés Manuel López Obrador en el Gobierno del DF inscribió a sus hijos en la misma escuela de los de Felipe Calderón, y dio a su esposa una Hummer para transportarlos.
Todas las tardes se le podía ver en el gimnasio del séptimo piso de un lujoso hotel en la Alameda, al que en ese tiempo sólo iban los ricos. De él no sorprende, pero esa costumbre se ha extendido entre los morenistas, como él, de origen tabasqueño.
No hay día que lo mismo en La Mañanera del Pueblo que en redes sociales funcionarios de la 4T tengan que ser defendidos de las acusaciones de corrupción que les fincan en México o en Estados Unidos.
Hay un desvisadero de gobernadores, legisladores, alcaldes y funcionarios, sobre todo ligados a López Obrador, no sólo por lo que roban, sino por sus relaciones con el crimen organizado.
Los señalamientos son tantos que el mantra de no robar, no mentir y no traicionar es insostenible. Los guindas —sin importar si son duros o moderados— mienten, roban y traicionan; atrás quedó la falsa historia de honestidad valiente y la austeridad republicana.
Desde el año 2000, Andrés Manuel adoptó una narrativa de falsa austeridad que le resultó exitosa por la insultante riqueza en que vivían todos los políticos. Tanto que en 2006 estuvo a punto de llegar a la Presidencia, pero los votos no le alcanzaron ante Felipe Calderón.
Aunque el corrupto siempre fue él, pues vivió como sanguijuela de los recursos públicos del país, lo mismo de estados gobernados por el PRD que de congresos dominados por ellos. Todos cooperaban para que él siguiera su lucha y su familia viviera holgadamente.
Después de ser derrotado en 2012, ahora por el priista Enrique Peña Nieto, el tabasqueño volvió a la carga en 2018 y usó como ariete la descomunal corrupción del gobierno priista, de la cual la gente estaba harta.
Vendió que si él llegaba, acabaría con la corrupción y usaría los recursos para lograr la igualdad en el país. La gente compró el discurso de esperanza y lo apoyó masivamente; del tamaño de la expectativa fue la decepción.
Nunca como antes los políticos no sólo se corrompieron, vendieron la tranquilidad de los mexicanos al crimen organizado. Pero, además, se permitió a la familia presidencial enriquecerse y meterle la uña al erario.
En sólo un sexenio su gobierno superó los 70 años de corrupción del PRI. ¿Cómo podrá Morena pedir el voto con la promesa de acabar con la corrupción, que son ellos mismos?
A los morenistas nadie les cree que no son corruptos, pues incluso en sus propias encuestas la gran mayoría coincide en que la corrupción es el principal problema.
Es un lastre que tendrán que cargar a todos lados.
CENTAVITOS
¿A quién se le ocurriría proponer que Intocable amenice las fiestas de mañana en el Zócalo? Y es que el puro anuncio de que ese grupo encabezará el elenco generó gran cantidad de memes. En las redes —que no perdonan— dicen que la banda Intocable la podrían integrar Adán Augusto, Andy, Bobby, Rocha, Américo, Andrés Manuel, Mario, Durazo y coros de Chío Nahle, Mara, Marina del Pilar… en fin, que se puede formar una bandota y que el día que se animen a cantar en serio, la 4T temblará.
