Apenas inició el año electoral, el ambiente político está que arde y la alcaldía Álvaro Obregón no es la excepción, pues las tribus de Morena han iniciado un fuego cruzado, donde, al centro, está el alcalde Javier López Casarín.
Hay que recordar que en 2024 esa posición le fue concedida a Marcelo Ebrard como pago por aceptar la decisión de Morena de postular a Claudia Sheinbaum a la candidatura presidencial.
El hoy secretario de Economía decidió que el candidato fuera López Casarín, a quien le armó un equipo para su campaña. Logró imponerse, aunque por muy poquito, a la panista Lía Limón, quien buscaba reelegirse.
A pesar de que fue impugnado por rebasar los gastos de campaña, Marcelo operó con los magistrados electorales para que hicieran mutis y le respetaran el ilegal triunfo.
Pero, una vez que asumió el cargo, Javier desconoció a todos e incluso rompió con el PVEM, que lo cobijó dentro de la alianza con la 4T, y se negó a incorporar a su gabinete a cuadros del Tucán.
Y no sólo eso, pues también puso tierra de por medio con el propio Ebrard, quien operó la elección para Morena. Su jefe perfilaba a gente de su confianza en direcciones clave, como Administración y Finanzas; el alcalde lo bateó.
Por eso, desde Economía dieron la señal al bullpen para que los relevistas empezaran a calentar. El primero fue Jesús Valdés, quien llenó las bardas de la alcaldía, pero fue frenado.
El tema es que nadie le ve patas para gallo, además de que Valdés siempre falla en los encargos de su jefe. Eso sin contar que quien gane la candidatura tendrá que enfrentar a Lía, que amenaza con volver por sus fueros con el PAN.
En medio del caos, quien ahora levanta la mano es el oaxaqueño Alberto Esteva, que en el gobierno de Layda Sansores fungió como director de Administración.
Cuentan que Esteva ya buscó a Ebrard para ponerse a las órdenes en Álvaro Obregón. Todos dicen que el de Oaxaca tiene un gusto especial por el dinero y que igual eso puede ayudarlo a conseguir la candidatura.
Que incluso hasta los proveedores de la alcaldía lo verían bien, pues están desesperados por la falta de pago. Se quejan de que, por más que tocan las puertas hasta sangrarse los nudillos, nomás nadie les abre.
Y claro que tienen miedo de que el alcalde se les vaya sin pagar, lo cual no es raro en los titulares de las demarcaciones cuando sienten que pueden a perder.
El chiste es que, a pocas semanas de que Morena defina sus corcholatas para la contienda local del próximo año, López Casarín sabe que el partido guinda no lo quiere y que difícilmente lo volverán a postular.
Y no es para menos, pues incluso en el Zócalo aseguran que el alcalde ni siquiera atiende los llamados de Clara Brugada cuando la doñita de la Jefatura de Gobierno convoca a los alcaldes de la 4T para dar alguna retroalimentación.
A eso hay que sumarle la pésima gestión que ha tenido y que se ha dedicado a coleccionar enemigos no sólo de la oposición, sino también al interior de Morena, donde hay varios tiradores en la lista de espera por si se les requiere.
Por lo pronto, López Casarín se ve más solo que nunca.
CENTAVITOS
Por cierto, dicen que como Movimiento Ciudadano se niega a hacer alianza con el PAN y con el PRI, en una de ésas le echa un lazo a don Javier para ver si se viste de naranja. Aunque en 2024 ya recibió el apoyo fosfo y los traicionó, igual se junta el hambre con las ganas de comer y van juntos el año entrante. Aunque la pregunta es si a estas alturas alguien confía en el alcalde.
