Los enanos de la izquierda
En 25 años de vida, el PRD no ha podido salir de las mismas caras.

Adrián Rueda
Capital político
Este día inicia en Oaxtepec, Morelos, el Congreso Nacional del PRD que, en buena medida, definirá el futuro de la izquierda, pues además de redefinir estatutos tendrá como fin establecer las reglas para el cambio de dirigencia nacional en marzo próximo.
Uno de los puntos centrales será eliminar la cláusula que impide a quien haya sido presidente del partido volver a ocupar el cargo; de eliminarse, nadie duda que Cuauhtémoc Cárdenas será de nuevo el líder formal del partido. Y no es que el ingeniero carezca de méritos, por supuesto, pero la sola idea de que haya tenido que salir del armario para retornar al ajetreo político refleja una grave crisis en la izquierda no sólo en el rumbo, sino en la formación de nuevos liderazgos.
No es posible que en 25 años de existencia el PRD no haya podido salir de las mismas caras y que en ese tiempo únicamente haya tenido dos candidatos presidenciales: el propio Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Y que ambos hayan sido previamente jefe de Gobierno del DF y presidentes del PRD nacional; o sea, que dos personas hayan acaparado los máximos puestos de poder en la izquierda y lo que es peor: que aún estén peleando el hueso.
El asunto es grave porque la izquierda se ha quedado enana, no ha sido capaz de forjar liderazgos, rostros jóvenes, frescos y, sobre todo, que muestren capacidad sin que necesariamente estén vinculados a la corrupción.
Históricamente el PRD ha tenido que echar mano de ex priistas para gobernar la urbe: Cuauhtémoc, López Obrador y Ebrard son de extracción tricolor; tuvieron que postular a Miguel Ángel Mancera para quitarse el tufo del PRI.
Los únicos de izquierda “puros” que pudieron llegar al GDF fueron Alejandro Encinas y Rosario Robles, ambos como sustitutos sólo para cerrar el changarro aunque, ironías de la vida, Chayo acabó sirviendo en el actual gobierno priista de Enrique Peña Nieto.
Esta ausencia de liderazgos propios lleva una vez más al PRD a voltear hacia afuera para ocupar los cargos más importantes de la izquierda, y como autoinvitado a la pelea por la dirigencia nacional se apunta Ebrard, formado en el PRI neoliberal, con nulas posibilidades de ganar.
Eso no quiere decir que sus posibilidades de ser candidato presidencial estén completamente canceladas, sino que tendría que recurrir a lo de siempre: que alguien lo ponga porque él fue educado para gobernar, no para ganar por sí solo.
Pero si a nivel nacional el PRD no ha logrado desarrollar liderazgos, a nivel local la cosa está peor y en cada elección el partido tiene que buscar candidatos sin raíces que ocupen las principales carteras, sobre todo la Jefatura de Gobierno, porque ellos no tienen a quién presentar.
Faltan rostros nuevos, liderazgos frescos, pero los que podrían ocupar esos espacios prefieren el confort de sus territorios, sin arriesgar más. Por eso los de siempre, los más corruptos, son los que siguen partiendo el pastel y ganando los mejores espacios.
Los actuales caciques creen que si salen de sus territorios lo perderán todo: Víctor Hugo Lobo, en GAM; Leonel Luna, en Álvaro Obregón, y Julio César Moreno, en Venustiano Carranza, por ejemplo, no pasarán de pericos-perros si no se atreven a dar el paso.
CENTAVITOS… A partir de hoy empieza el penoso peregrinar anual de los titulares de órganos autónomos y jefes delegacionales del DF para estirar la mano en busca de que los diputados de la ALDF no le mochen a sus presupuestos. Acostumbrados a las limosnas, ninguno de ellos escatimará nada para conseguir unos pesitos más que les den la posibilidad de seguir controlando tribunales, institutos y organismos que deberían ser autónomos… Claro, los más perversos moverán la maquinaria de sus tribus para ir por los dineros extra que este año da al DF la Federación.