“Soy juez y parte... ¿o primera dama?”

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos sean, mis sensuales Fama-Lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Esta semana trascendió el resultado de un proceso legal que inició a finales de 2025. La destitución de Maribel

Guardia como tutora en la sucesión testamentaria no fue tan comentada como el hecho de que yo haya aceptado el cargo. No quiero ser políticamente correcta, aquí se es o no se es. Haré lo que no pienso hacer en De primera mano ni en mis redes sociales: sólo aquí le respondo a Maribel Guardia.  

En efecto, mi primera acción como tutora de la sucesión testamentaria fue pedir la revocación de Marco Chacón como albacea, y me sostengo en que si mi función es vigilar que el albacea cumpla sus obligaciones, pues no puedo alcahuetear —como hizo Maribel— al señor Chacón, quien no movió un dedo en favor del menor.  

Si estuviera escribiendo desde mi ego —que sí lo tengo—, me sería fácil despotricar contra la sarta de personajes que están haciendo su agosto en mayo a mis carnositas costillas. Ya me veo diciendo: “Si esto les da comezón, ¡pues rásquense!”. Pero no se trata de mí; por más protagonista que los medios me quieran hacer ver, el cargo de tutora no figura. Es el albacea quien tiene acceso a los dineros, y debe ser transparente y justo haciendo lo necesario para que el menor tenga alimentos, educación, salud y esparcimiento desde el día uno de sus funciones. El cargo lo decidió un juez, ni yo ni Imelda.  

Algo que consta en el expediente es que Maribel sí sabía del proceso; incluso tuvo un plazo para oponerse, pero no lo hizo. Lo que ella dice en los medios no es verdad. Un día antes de la comparecencia en Cuernavaca, sus abogados fueron a revisar el expediente, pero Maribel asegura “que se enteró por la televisión”.  

Quiero ser bien neta con ustedes: nunca había visto a

Maribel Guardia tan enfurecida. Miren que llegar al punto de salirse de su imagen dulce para interpretar un remedo de mí... Sí me sorprendió, pero la entiendo. Si este conflicto fuera una obra de teatro, ella no quiso leer su parlamento, y el director —o sea, el juez— abrió un casting donde eligieron a la tía, a la incómoda tía.  

Pero ni tengo bolsitas nuevas ni me creo soñada ni soy primera dama; yo no tuve que casarme con nadie para estar involucrada en esta situación (de Chacón no voy a estar hablando). Tengo mis trapitos de siempre, ingreso a casa lo mismo y sigo indignada por el precio del jitomate (en mi tierra es tomate a secas). Lolita de la Vega me regaló unas bolsas muy guau y me habló para decirme que las oree, que ya jubile mi morralito negro, porque luego van a decir que me ajuareo por la herencia. Mis amigos me hablan asustados de que ya “soy madre de tres”, y bueno, gente que ni me conoce anda dando testimonio de mi persona.  

Creo, en mis ya cinco décadas de vida, que uno no controla los acontecimientos, pero siempre está en la libertad de elegir su postura; eso hice. Hace año y medio, cuando mi esposo regresó de llevarle a Ime una cobija, un yogur y una pila para celular afuera de la fiscalía, me hizo una pregunta. Era enero de 2025; secretos de familia que desde hacía más de 10 años se habían callado estaban a punto de surgir en ese río revuelto presentado como denuncia. Mi esposo me dijo: “Addis, aquí hay de dos: o te haces sorda, ciega, desmemoriada y muda y no empeñas tu credibilidad, o de plano tomas al toro por los cuernos y admites tu posición ante lo que está pasando. Pero ojo, vengo de allá, Ime está sola en la calle, en el frío; los reporteros le prestaron una chamarra. La abuela está adentro con todas las comodidades; esto es David contra Goliat”. Ustedes saben qué hice.  

Cuando sucedió la tragedia con Julián Figueroa, mi prima y mi sobrina me preguntaron si quería ir al funeral. Mi respuesta fue no; por más familia que fuera, era yo prensa y en ese tiempo lo dije: sé perfecto mi papel en ese momento y preferí apoyar a distancia.  

Pero una vez sí fui a su casa y no fue agradable. La primera vez que cargué al hijito de Ime fue en casa de Maribel. Estábamos haciendo una nota para Reyes Magos, era diciembre de 2017; yo me sentía feliz de que el niño se durmiera en mis brazos, pero el momento se interrumpió. Recuerdo que llegó Maribel y la actitud de todos cambió: llamó de un grito a Ime para preguntarle la hora.  

Antes, Maribel nos abría las puertas de par en par; era amorosa conmigo. Cuando supo, de voz de Ime, que éramos familia fue evidente que no le hizo gracia. Jamás volví.  

Un año antes, en el rancho Las Palmas, me enteré de que a Maribel no le gustaba que hubiera relación con alguien de la prensa. Entonces me entró por un oído y me salió por el otro; Ime es mi sobrina, no mi prima, hay una diferencia de edades, mi vínculo entonces era con su mamá. Recuerdo cuando fue el baby shower en Monterrey: la relación entre suegra y nuera no podía estar peor. Desde entonces yo tenía claro que mi presencia implicaba riesgo de exposición mediática, pero, como saben, nunca revelé todo lo que se vivió en ese momento.  

Así fue como esta que les escribe se volvió “pariente de clóset”, y así hubiera seguido, pero el llamado de la selva fue inevitable. Imelda estaba muy sola, a eso le apostaron. Pero resultó que, si los cercanos se volvieron distantes, los distantes nos volvimos cercanos.  

Respecto a lo que dijo, siento que no necesito defenderme de Maribel Guardia. Verla arremedando, atacando, no es ofensivo, es penoso. Ella y Marco siempre tendrán mi trato respetuoso.  

Ahora que, si me preguntan cómo me siento, pues les respondo que, desde que firmé como tutora responsable, estoy preocupada por no fallarle al menor ni al juez. No soy tutora del menor, como el mismo José Manuel criticó. El menor tiene a su mamá y está protegido y cuidado; mi chamba sólo abarca vigilar al albacea y exigirle cuentas para bien del menor, sólo es eso. Por tanto, necesito que el albacea cumpla para no salir cucha en el ejercicio de mi cargo.  

Respecto a ser juez y parte, eso sí debo dejarlo muy aclaradito.  

Mi criterio periodístico no está comprometido y a las pruebas me remito: jamás he insultado ni secundado insultos contra la reputación o calidad moral de Maribel ni de su esposo; siempre me he manejado con mesura y respeto. Tampoco he aprovechado mi lugar en el programa más importante de espectáculos de México para revelar algo que no haya investigado por mi propia cuenta; es decir, todo lo que durante 12 años, o más, vi, supe, me contaron o me mostraron en la privacidad familiar son datos intocables para mí, y soy un cerrojo sin llave.  

No soy juez, yo no decido nada; tampoco soy parte, yo no saco de esto ningún provecho. Al contrario, he puesto en prenda mi credibilidad por una verdad que poco a poco se abre camino en lo legal. Pero soy observadora: en mi trabajo diario opino, investigo y genero contenido; en mi cargo como tutora, verifico y reviso las acciones del albacea.  

Cuando Maribel dice estar preocupada por un conflicto de intereses, ya que soy prima de la abuela, me temo que ella no repara en que ser tutora y esposa del albacea que nunca gestionó alimentos al menor —mientras ella, que tampoco gestionó alimentos al menor, sigue peleando la custodia del menor, denunció a la madre del menor penalmente y, siendo tutora, aparecía como violentadora contra el menor—... ¡Híjole!, pues ¿qué digo? Pues, que no se preocupe...