Bienvenidos sean mis sensuales fama lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
Les escribo mientras veo de reojo la serie El otro padre, en la que Silvia Navarro, Erik Hayser y Manolo
Cardona encarnan una trama muy intensa. Sin spoilear, les comparto que una frase me impresionó; según asevera la historia:
Uno de cada 25 padres está criando a un hijo que no es suyo y nunca lo sabrá.
¡Sopas! ¡Chanfles! ¡Cáspita! (la verdad, exclamé otras palabras). Si esta aseveración fuera una cifra oficial, se esconde un drama de la vida real en cada cuadra de este país.
Como una es curiosa y periodista, además de televidente, pues me eché un “clavado” en Google y hay dos estudios: uno es global y sostiene que es de 2% el porcentaje de padres crédulos que mantienen y toman la responsabilidad de hijos no biológicos sin saberlo.
Por otro lado, los resultados de estudios de ADN arrojan que la cifra es mucho mayor: no 2%, sino 30%. ¡Zascuash! ¿O sea que 30 de cada 100 viven en el engaño?
La paradoja posible es que, mientras nos subimos al tren de la funa en chismes sobre si fulano es el verdadero padre de sutano, o si manganita es amante de perenganita, los secretos familiares reales se esconden bajo el tapete de nuestra sala.
Hermanos, tías, abuelos, bisabuelas... ¿Quién habrá sido familia portando otra carga genética, por decirlo de manera sensible? Según estas cifras, pocos hogares se han salvado o salvarán de un “se me... chispoteó”. ¡Auch! (perdón, fue un error de dedo).
Pero no me quedo así, me volvió el alma al cuerpo porque, según los estudios, quien se hace un examen de ADN es porque ya traía el gusanito de la duda en medio del alma y la pensión alimenticia. Al final de cuentas, padre no es el que engendra, sino el que cría; así va el dicho, ¿que no? Y nadie puede ni debe poner en juicio la paternidad de nadie si el mismo padre no lo hace.
Recuerdo el escarnio que se armó en las redes sociales cuando se empezó a comparar el parecido de Emilio Osorio con Bobby Larios. Fue tanta la chisma que la misma Niurka decidió poner en la mesa fechas y sucesos que descartaban de una vez por todas la “sospecha mediática”. ¿Quiénes creemos que somos como para “evidenciar” paternidades? Igualmente sucede con el matrimonio de Sofía Castro y Pablo Bernot.
De la nada —porque así fue, sin una foto, un escándalo paparazzi ni nada— empezaron a asegurar que la hija de Angélica y El Güero Castro acordó un matrimonio “lavanda”. ¿Qué es eso? Pues cuando dos personas deciden unirse en un bodorrio con todas las de la ley, pero sin el menor interés de consumarlo.
Hace unos días la pareja accedió a dar una entrevista y grabar una dinámica en la que revelaban mutuas confidencias. Lamentablemente, lo mediático sí llega a incomodar lo suficiente como para que los famosos aclaren en consecuencia.
Ni somos colchón ni prueba de ADN; somos seguidores y cada uno de nosotros, periodistas o público, tenemos al alcance de nuestro celular la posibilidad de escribir lo que nos venga en gana, ya sea sumarnos a la crítica o a la empatía. Es el mismo esfuerzo teclear rabia o respeto. Lo que sí cuesta es ponerle un tatequieto a los chamucos internos que secuestran nuestra expresión.
Actualmente, Emilio Osorio participa en El otro padre, y su actuación está a la altura, como siempre. La pueden ver en Netflix.
Les recomiendo esta serie, así como El dentista, donde Demián Bichir se convierte en policía científico; muy buena, de verdad.
Como al cierre de esta edición no se sabía quién fue expulsado de La casa de los famosos, no me adelanto. Sólo deseo que Mariana Ochoa siga, no sólo por ella y el carácter genuino que la distingue, sino también por su mamá, doña Yolanda, que ha sido una revelación de gracia y carisma. Ojalá la sigamos entrevistando.
