En la primera entrega de esta serie —publicada en este mismo espacio https://www.excelsior.com.mx/opinion/abel-mejia-cosenza/t-mec-2026-i-revision-que-juega-politica— señalamos que la revisión del T-MEC en 2026 no será un ejercicio convencional y que tiene muchas aristas. En esta columna dejamos de lado el ángulo político y nos concentramos exclusivamente en lo comercial: lo que está en juego no es abrir mercados —eso ya ocurrió—, sino cómo se distribuye el valor en una de las regiones económicas más integradas del mundo. Para entender la magnitud, conviene partir de los números. El comercio de bienes entre México y Estados Unidos ronda los 870 mil millones de dólares anuales, una cifra que, por sí sola, supera el comercio bilateral que muchas economías mantienen con bloques completos. A eso se suma el intercambio de servicios, cercano a los 100 mil millones de dólares.
Cuando se habla de integración, no es una abstracción. Más de 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino EU, mientras que una proporción significativa de las importaciones mexicanas proviene de ese mercado. No es simplemente comercio: es una cadena productiva compartida. Un automóvil que cruza la frontera puede hacerlo varias veces antes de ser terminado. Un dispositivo médico puede incorporar componentes de ambos países. Ésa es la lógica real del T-MEC. Norteamérica no sólo comercia, produce en conjunto. Bajo esa óptica, la revisión del T-MEC tendrá un enfoque inevitable: definir cómo se reparte el valor dentro de cadenas que ya son enormes. Y ahí aparecen los sectores clave.
El primero, sin duda, es el automotriz. Se estima que el comercio bilateral en este sector —incluyendo vehículos y autopartes— supera los 250 mil millones de dólares anuales, lo que lo convierte en el eje industrial de la relación. No es casualidad: el modelo de manufactura automotriz en Norteamérica está diseñado para operar como una sola plataforma. México produce, EU ensambla, y ambos comparten proveeduría. El segundo es el de maquinaria y equipo industrial, con un valor de comercio que ronda los 150 mil millones de dólares. El tercero es el sector electrónico y de tecnologías de la información, con un intercambio estimado cercano a los 120 mil millones de dólares. Cuarto, energético, donde el comercio de petróleo, gas natural y productos refinados supera los 80 mil millones de dólares. La interdependencia energética entre México y EU es profunda y, en muchos sentidos, estructural. Quinto, que muchas veces se subestima, es el agroindustrial. El comercio de productos agrícolas y alimentos procesados entre ambos países supera los 70 mil millones de dólares.
Ahora bien, más allá del comercio de bienes y servicios, hay otro elemento central: la inversión. EU sigue siendo, con diferencia, el principal inversionista en México, con un stock de inversión que supera los 280 mil millones de dólares. Esa cifra no sólo refleja confianza; refleja la integración de cadenas productivas que no pueden entenderse sin capital estadunidense operando en territorio mexicano.
Pero la relación no es unidireccional. México también ha consolidado una presencia empresarial relevante en EU: Cemex, Bimbo, FEMSA, Gruma, América Móvil, Orbia y Grupo México han construido operaciones significativas en ese país. En conjunto, la inversión mexicana en EU se estima en más de 40 mil millones de dólares. Esto es importante y cambia la narrativa. México no es únicamente un exportador hacia EU; es un inversionista relevante dentro de su economía. La relación es, cada vez más, de doble vía.
La revisión del tratado, en su dimensión comercial, no debería cambiar los volúmenes de intercambio sustancialmente. Pero sí puede alterar los incentivos, los costos y la forma en que ese enorme volumen de comercio se distribuye. Y en una relación de esta escala, pequeños ajustes pueden tener efectos muy grandes. Eso es, en el fondo, lo que realmente está en juego: si cada país tiene una rebanada más grande de pastel sólo porque se la quitó al otro o si tiene una rebanada más grande porque el pastel, en sí, crece más.
P’AL GORDITO
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