T-MEC 2026 (I): la revisión que se juega en la política

La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá en 2026 no será una renegociación tradicional ni un simple ejercicio técnico de ajuste arancelario. Será, más bien, una prueba de estrés integral del modelo de integración de América del Norte frente a un entorno geopolítico mucho más complejo que el de 2018. La revisión constará de tres ejes, mismos que abordaremos en lo individual en tres diferentes publicaciones consecutivas. En esta primera abordaremos los factores políticos que marcarán la negociación. 

Conviene partir de una premisa incómoda: el T-MEC dejó de ser exclusivamente un acuerdo comercial. Hoy es, en los hechos, un instrumento de política pública compartida entre tres países que enfrentan presiones internas muy distintas, pero crecientemente interdependientes. En ese contexto, los temas políticos —tradicionalmente periféricos en tratados de libre comercio— han migrado al centro de la conversación. El primer eje es la seguridad, particularmente la lucha contra el crimen organizado. Para EU, el combate al tráfico de fentanilo y otras drogas sintéticas se ha convertido en un asunto de seguridad nacional con implicaciones electorales directas. Para el público de EU, México se ha convertido en el chivo expiatorio de todos los problemas relacionados y, hay que decirlo, no es totalmente errada esa apreciación. Para México, el desafío no es sólo operativo, sino institucional: demostrar capacidad efectiva de control territorial e independencia del ecosistema político frente al crimen organizado, fortalecimiento y blindaje de las instituciones encargadas de combatir a los actores criminales y de controlar el tráfico de bienes y personas, y trazabilidad en cadenas logísticas que aprovisionan al mercado de EU. La presión no será menor. Es previsible que Washington busque mecanismos más explícitos dentro del tratado —o en instrumentos paralelos— que vinculen el acceso preferencial al mercado con estándares verificables en materia de seguridad. 

El segundo eje es la migración. Aunque formalmente no es materia comercial, su impacto económico es innegable; particularmente en la relación México-EU, donde anualmente, al menos, medio millón de mexicanos intentan ingresar a EU de manera ilegal y hay cinco millones de paisanos que viven allá sin una situación regularizada.

El tercer eje, y probablemente el más estructural, es el Estado de derecho. Aquí convergen preocupaciones de inversionistas, gobiernos y empresas, particularmente con respecto a lo que se percibe para México como una seria degradación de la separación de poderes e independencia y profesionalismo de los mismos. La reciente reforma al Poder Judicial, las preferencias que se han dado a entidades públicas frente a compañías privadas en el ámbito energético y la consolidación de organismos autónomos dentro de la estructura central del Poder Ejecutivo son claramente focos rojos para nuestros socios del T-MEC.  El énfasis en lo político no implica que los temas comerciales o técnicos pierdan relevancia; al contrario, los condiciona. La relocalización de cadenas productivas hacia América del Norte —impulsada por tensiones entre EU y China— ha revalorizado el papel de México como plataforma manufacturera. Pero ese potencial está íntimamente ligado a la percepción de estabilidad institucional y fair play. Sin seguridad, sin control migratorio ordenado y sin un marco jurídico confiable y neutral, el potencial de México de ser “EL” socio comercial confiable, particularmente como plataforma de nearshoring, corre el riesgo de convertirse en una oportunidad desaprovechada.

En suma, la revisión de 2026 del T-MEC no puede entenderse únicamente desde aranceles, reglas de origen o estándares laborales mínimos. Será una negociación donde la política pública doméstica de cada país se proyectará sobre la arquitectura del tratado. La pregunta de fondo no es sólo qué se va a negociar, sino hasta dónde están dispuestos los tres países a integrar —y, en cierto sentido, a compartir— aspectos tradicionalmente considerados internos.

En la siguiente entrega analizaremos los temas comerciales que estarán sobre la mesa.

P’AL GORDITO

En CDMX hay que ir a Itacate del Mar (http://itacatedelmar.com.mx/) y pedir la Tostada de Atún Itacate, la Ensalada de Jitomates Criollos y los Camarones al Ajillo.