Toda una vida
Como decían las abuelas “ya ni llorar es bueno” pero volvemos a los odiosos títulos en español que no respetan en lo más mínimo el espíritu original de una obra en inglés o cualquier otra lengua. La víctima esta vez es la película del realizador inglés Mike ...
Como decían las abuelas “ya ni llorar es bueno” pero volvemos a los odiosos títulos en español que no respetan en lo más mínimo el espíritu original de una obra en inglés o cualquier otra lengua. La víctima esta vez es la película del realizador inglés Mike Leigh Toda una vida, cuyo título original en inglés es Another Year, tan sencillo como decir Otro año más, pues además ese es el lapso en que transcurre la trama, que incluso recorre las estaciones del año. De ninguna manera se trata de “toda una vida” de nadie, pero así se las gastan, ni modo.
El cine de Mike Leigh tiene la virtud de desarrollar historias cotidianas en torno a las vidas de personas comunes y corrientes, como usted y yo; personas que sí existen y con las que podemos identificarnos por su aspecto físico, imperfecciones, carencias, virtudes, miedos. No cae en rebuscamientos estéticos de una belleza artificial en la selección de sus actores, no le interesa. Sus argumentos no son tampoco muy felices o ligeros, Leigh aborda los claroscuros de la vida en familia, el dolor de la soledad, las altibajos en el trabajo, la necesidad de amor y compañía, la vida misma. En su cine todo fluye y hay gran naturalidad en los relatos y en el desempeño de sus actores.
Se estrena Toda una vida (Another Year, Reino Unido, 2010) escrita y dirigida por Mike Leigh, que aunque, hay que reconocerlo, aborda la narración desde un tono un poco menos denso que en El secreto de Vera Drake, Secretos y mentiras, Todo o nada, hace que predomine el drama ligero en un relato sobre la vida de una pareja rondando los 70 interpretados por los deliciosos actores Ruth Sheen y Jim Broadbent que distan de ser perfectos, ella con un mentón deprimido y él por el contrario prognata, pero son convincentes y muy experimentadas actores que dan vida a Gerri y Tom, y un año en sus vidas dividido en las cuatro estaciones y sazonado por amigos, familiares y conflictivos compañeros de trabajo.
Leigh introduce con sutileza esa suerte de cuatro capítulos —que no es un recurso nuevo en el cine— para romper de alguna forma lo que puede ser un monótono año más en el mundo rutinario y, aparentemente, aburrido, pero muy vital de una pareja mayor. Insertos en la intimidad de este matrimonio feliz, después de muchos años juntos y sus apacibles días entre el trabajo como consejera de Gerri y el cuidado de su jardín y hortaliza, se antojan muchas reflexiones ya que la mayoría de las parejas empiezan con ese sueño, “para toda la vida”, entonces ¿qué hace que la felicidad entre y salga por la misma puerta?, ¿qué se muere en el camino?, ¿cómo mantener viva la ilusión, la comprensión, la aceptación, el compromiso, el amor?
Leigh hace que una historia que podría resultar hasta irrelevante atrape al espectador desde el principio. La pareja es lo que yo llamo un verdadero hogar y un refugio que extiende una mano para amigos y parientes en desgracia. De esos personajes se desarrollan las excelentes subtramas paralelas como la de Mary, una compañera de trabajo de Gerri entrada en los 40, guapa todavía, de la que hace toda una creación la actriz Lesley Manville. Mary es un manojo de nervios, bebe demasiado, se siente y está sola, pasa de la más profunda tristeza a una euforia desaforada, es inestable, busca sin miramientos un hombre que la acompañe, pero no logra consolidar ninguna relación. El contraste inteligente en el guión y que hace muy atractivo este personaje es que Mary es una buena mujer, inteligente, divertida, pero que cada vez equivoca más el manejo de su realidad haciendo difícil la convivencia con ella, incluso para la propia Gerri.
Toda una vida es una exploración profunda, sensible y realista de la soledad y cómo tratan de enfrentarla diferentes personajes, insisto, comunes y corrientes. Aunque podemos sentir que Leigh nos aplica, otra vez, un golpe en el estómago, esta vez también nos queda un dulce sabor a esperanza.
Muy recomendable. 9/10.
