Peleas

- El debate sobre las leyes de derechos autorales en la red es más complejo de lo que aparenta.

A sus 66 años, el reverendo Albert Green es una leyenda viviente del gospel y el soul. Conocido artísticamente por su nombre abreviado, Al, trascendió el ámbito de los ritmos religiosos negros a la música pop con su balada Let’s stay together, única interpretación suya que logró estar a la cabeza del hit parade estadunidense en febrero de 1972.

Treinta años después, a esta suave y melodiosa pieza se le asocia hoy con el combate.

Quentin Tarantino insufló nueva vida a la histórica canción al incluirla en la banda sonora de la película Pulp Fiction (1994): suena de fondo en la escena en la que el mafioso Marsellus Wallace (intepretado por Ving Rhames) negocia con el boxeador Butch Coolidge (Bruce Willis) que se deje ganar su siguiente pelea cayéndose en el quinto round. Nuevas generaciones apreciaron así a la voz que engalanó uno de los soundtracks más memorables de finales del siglo.

Y ahora, justo en enero pasado, cuando el tema cumplió tres décadas de su lanzamiento, el presidente Barack Obama coincidió con el mismísimo Al Green en un acto para recaudar fondos para la campaña demócrata en el Apollo Theather en Nueva York, y en el momento de su discurso homenajeó al veterano cantante interpretando un brevísimo fragmento de Let’s stay together.

Casi de inmediato, la muestra del talento vocal a capella del mandatario estadunidense circuló profusamente por las redes en un video viral, convirtiéndose la semana pasada en protagonista de un peculiar litigio.

El equipo de campaña de Mitt Romney, aspirante republicano a la Casa Blanca, difundió un corto en YouTube en el que utilizó el canto de Obama como música de fondo en un mensaje donde acusa al mandatario de recompensar sólo a “sus amigos” (los mayores donantes a su campaña) en lugar de apoyar a los estadunidenses agobiados por la falta de empleo.

En el post titulado “Political payoffs and middle class layoffs” aparecen encabezados de noticias mientras se escucha al presidente cantar “Ah, I’m so in love with you”.

Se trató de la respuesta a un agresivo spot de televisión lanzado el 14 de julio por el demócrata, en el que se presenta a Romney entonando la patriótica America the beautiful mientras se le culpa de haber trasladado empleos a México, China e India en su época de empresario y gobernador de Massachusetts.

Hasta acá, se trata de la típica guerra electoral. Pero cuando Romney lanzó su video, un tercer actor entró en la pugna: de acuerdo con el portal de la revista Time, la firma BMG Rights Management, poseedora de los derechos de Let’s stay together, pidió a YouTube retirar el video del republicano, alegando infracciones a su copyright.

El sitio accedió a la petición, aun cuando los videos originales donde Obama canta la misma melodía jamás fueron retirados, ni se solicitó hacerlo por agravios autorales.

¿Discrecionalidad? ¿Favoritismo? Al menos eso parece sugerir la nota de Time, que incluye el vínculo a un texto del sitio conservador The Daily Caller, el cual recuerda que BMG es propiedad del consorcio alemán Bertlessmann, dueño a su vez de las editoriales que publicaron en Estados Unidos dos libros de Obama y uno de su esposa Michelle.

Y para documentar su sospechosismo, The Daily Caller añade otro dato, atribuido al Center for Responsive Politics: Marissa Mayer, recién nombrada CEO de Yahoo, donó en abril del año pasado dos mil 500 dólares para Obama y 30 mil 300 al Comité Nacional Demócrata, siendo en esa fecha alta ejecutiva de Google, poseedora a su vez de… YouTube.

Finalmente, el video de Romney fue repuesto, según una nota publicada el jueves 19 por el influyente sitio Politico, que narra incluso cómo el comité de campaña republicano recurrió a Vimeo —rival de YouTube— para subir de nueva cuenta su propaganda.

Al final, la pregunta sobre el porqué del misterioso retiro del video está en el aire: ¿reclamo autoral, apego a la ley o maniobra política? Queda a criterio del lector armar el rompecabezas.

Peleas arregladas aparte, en momentos en los que la reciente adhesión de México al Anti-counterfeiting Trade Agreement (ACTA) ha reabierto la polémica sobre las legislaciones que protegen la propiedad intelectual, el caso de Let’s Stay Together muestra cuán complejo suele ser un debate que las más de las veces se presenta maniqueo.

marco.gonsen@gimm.com.mx

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