Los absurdos de reemplazar a la FITA

- Un error sería mover la fecha de septiembre a noviembre, pues en el noveno mes del año no hay ferias turísticas importantes para México.

El 23 de septiembre de este año, Marcelo Ebrard, jefe de gobierno de la Ciudad de México, dijo, al inaugurar la segunda edición de la Feria Internacional de Turismo de las Américas (FITA):

“Estamos muy complacidos (…) La feria creció, tenemos hoy más países, más expositores, más compradores, más metros cuadrados y eso quiere decir que vamos por el camino correcto…”

Ahora resulta que un grupo de empresarios (¿?) buscan cambiarle el nombre, el concepto, la sede de organización y la fecha en que se llevará a cabo; aunque ello podría terminar cancelando uno de los pocos espacios importantes que se han creado para el turismo mexicano en la última década.

Sobran los argumentos técnicos para no hacerlo, cuando el tema de fondo debería ser cómo mejorar a la FITA invitando a más compradores, reforzando la cobertura de internet, el transporte o la calidad de los alimentos.

Un primer error sería mover la fecha de septiembre a noviembre, pues en el noveno mes del año no hay ferias turísticas internacionales importantes para México, mientras que en noviembre están las de Londres, Brasil y Argentina.

A los asistentes internacionales les parecería una burla que en febrero les anuncien un cambio de fecha cuando la planeación se hace con un año de anticipación.

Un ejemplo específico lo aporta la Federación Internacional de Asociaciones de Ejecutivas Turísticas (Fiaset), que en 2012 hará su convención anual en la Ciudad de México antes de la FITA, en septiembre, y que ahora se encontraría con esta sorpresa cuando pudo elegir otro país.

Por otro lado, desde su inicio, la empresa MKT, de Juan Carlos Hinojosa, obtuvo los derechos para organizar la FITA como evento privado, para darle una permanencia más allá de la política y de los sexenios.

En segundo, porque arriesgó el dinero para hacerlo, incluso después de que este año otra firma recibió los fondos públicos para organizar los llamados viajes de familiarización y la invitación a los compradores.

Ahora habría que encontrar a toda prisa un inversionista que lo reemplazara, pero que además estuviera dispuesto a hacerlo por un evento gubernamental que sería prácticamente el último del sexenio de Ebrard.

Sustituir a la FITA por algo que se llamaría “Feria de México” dejaría abierta la posibilidad de que se mantuviera la primera, dado que 70% de los expositores han reconfirmado su asistencia.

La sede quizá sea el tema menos complicado, pues si bien el Centro de Convenciones de Banamex no está en un zona atractiva y con una sólida oferta hotelera, como el de Bancomer en Santa Fe, podría ser una alternativa con mejores servicios y precios competitivos.

Al final, todo esto recuerda aquellas historias de viejos políticos que creaban un problema donde no lo había; para salir después con una solución, que tampoco hacía falta.

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