El final de la historia de Ocean Star
- Inversionistas mexicanos-libaneses perdieron más de 20 millones de dólares y la cuenta no termina, pues siguen haciendo frente a sus acreedores.
Tras “naufragar” como negocio, víctima de un mal fario, Ocean Star Pacific, el crucero de inversionistas mexicanos para turistas mexicanos, el mismo que zarpó en abril de este año con la “bendición” del presidente Felipe Calderón, hoy permanece anclado en Manzanillo y ya fue puesto a la venta.
Ahora sólo falta que Anuar Name Yapur y Anuar Name Checa, los empresarios que arriesgaron 100 millones de dólares en un negocio que tenía todo para ser exitoso, decidan si se salen definitivamente del proyecto o si buscan otro navío.
Según estimaciones conservadoras, estos inversionistas mexicanos-libaneses perdieron más de 20 millones de dólares y la cuenta no termina, pues siguen haciendo frente a sus acreedores.
Si se ve la historia en perspectiva, esta empresa no es la primera que nace de la mano de un barco con varias décadas de vida previa; para no ir lejos, Disney, una de las marcas más poderosas en el mundo del entretenimiento, hizo lo mismo.
Hace años dicha firma estuvo en el negocio de los cruceros, de la mano de Premier Cruise Line, que también operaba con barcos que llevaban, previamente, innumerables millas náuticas surcando los océanos.
Sólo cuando se sintieron cómodos con el conocimiento de este negocio, invirtieron cerca de dos mil millones de dólares en dos cruceros nuevos con los que siguen operando en la actualidad.
Según los especialistas, un barco de carga puede tener una vida útil de diez años o un poco más; sin embargo, en el caso de los cruceros, hay muchos que se mantienen navegando después de cuatro décadas, como fue Ocean Star.
El mercado les pone un punto final, pues mientras las máquinas funcionen adecuadamente, la estructura esté en buen estado y los interiores hayan sido periódicamente renovados, dichos navíos pueden mantenerse en activo.
En realidad son los viajeros quienes rechazan un producto y al principio Ocean Star tuvo una respuesta favorable entre los turistas nacionales, quienes desean vivir esta experiencia, que es más accesible sin el requisito de la visa estadunidense y cuando no hay que añadir al precio del viaje un boleto de avión.
De hecho, otros empresarios turísticos, como Pablo Azcárraga, vicepresidente de Grupo Posadas, vio con interés este proyecto y, si no entró con los Name, fue resultado de los problemas financieros por los que atraviesa su empresa y debido al compromiso de tiempo que le demandaría la naviera.
Al final, los Name terminaron contratando el call center de Posadas en Morelia y a esto se redujo la relación de negocios con los Azcárraga; cuando Mexicana dejó de volar, los dueños de Ocean Star pensaban que se habían ahorrado problemas aunque, al final, tampoco les fue bien con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (mañana la segunda parte).
