La ruta de Manlio; Guerrero, fallido

La ejecución del diputado Moisés Villanueva se erige como otro desafío del crimen al Estado: puedo matar a quien sea y en donde sea. Y más: retrata al de Guerrero como un gobierno fallido.

Ante la apabullante intención del voto de los priistas en favor de Enrique Peña Nieto, parece misión imposible que Manlio Fabio Beltrones obtenga la candidatura presidencial del PRI. Sin embargo, tiene una posibilidad mínima, aunque real: que sea el Consejo Político Nacional (CPN) el que designe al candidato. En población abierta, el mexiquense vencería fácilmente al sonorense.

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La ejecución del diputado federal Moisés Villanueva, si bien se suma a la lista de asesinatos políticos —Colosio, Ruiz Massieu, Torre Cantú, Chavarría—, se erige también como otro desafío al Estado por parte de la criminalidad: puedo matar a quien sea y en donde sea. Y más: retrata al de Guerrero como un gobierno fallido, ausente de autoridad, y que está perdiendo la batalla. PRD y PRI no han podido con el estado, por la ingobernabilidad.

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BELTRONES. El senador —por más presiones que llegan desde Toluca para que decline a favor de Peña Nieto— insiste en su legítima aspiración de ser ungido candidato presidencial en 2012. Parecería una locura que Manlio insista en la candidatura, cuando las encuestas marcan que, de diez priistas, ocho prefieren a Peña. Pero, en política, en los pequeños detalles está el diablo.

En el ritual priista hay cuatro vías para elegir al candidato presidencial: por designación directa del CPN; elección en población abierta; decisión de delegados, o candidatura de unidad que, de ser seleccionada, borraría automáticamente las tres anteriores.

El domingo 25 deberán ser designados los mil 240 integrantes del CPN —que se renueva cada tres años— y es aquí donde se pone interesante porque, se calcula, su nueva conformación podría quedar 50% para Manlio y 50% para Peña Nieto.

¿Qué significaría esto? Casi nada: que el CPN tiene las facultades para decidir si la elección es abierta, mediante delegados… o sea el Consejo el que designe al candidato presidencial.  Entonces habría juego.

Un dato: si hoy fuera la elección por la vía del CPN, Beltrones le ganaría a Peña Nieto porque hay mayoría de “beltronistas” sobre “peñistas”. Pero esta configuración interna va a cambiar el domingo. Y, en Toluca, se calcula que el Consejo tendrá hegemonía a favor de Peña.

El CPN lo integran la dirigencia nacional, gobernadores, diputados federales, senadores, sectores y dirigentes estatales.

En elección abierta, Peña derrotaría a Manlio.

En la dirección partidista quieren “candidato de unidad”. Es decir: la tradicional “cargada” en favor de Peña, a lo cual, en privado y en público, se ha opuesto el sonorense.

Aún más: nada bien cayó, en Peña Nieto y en la dirigencia encabezada por el disminuido Humberto Moreira, la propuesta de Beltrones de integrar un “gobierno de coalición”, lo cual significa que el gobierno electo en 2012 y la fuerza política mayoritaria en el Congreso unan fuerzas y aprueben, por ejemplo, las reformas inaplazables y hoy paralizadas, precisamente, por el PRI de Peña Nieto.

Beltrones quiere terminar con la tradicional “presidencia imperial”, soporte del PRI durante más de 70 años.

Peña Nieto pretende que el gobierno triunfador en la Presidencia automáticamente tenga mayoría en el Congreso. Es decir: volver a la “presidencia imperial”.

Son dos posturas opuestas, que chocan en espíritu y procedimiento.

El 8 de octubre es clave. Ese día, el PRI definirá el método de selección.

¿Beltrones o Peña Nieto?

GUERRERO.  La tragedia guerrerense tiene momentos y responsables. A la alta criminalidad que hoy ha secuestrado a Acapulco —donde se recomienda al turismo no salir después de las diez de la noche—, ejecuciones y secuestros, se registra un punto clave: el 20 de agosto de 2009, cuando fue asesinado el diputado del PRD Armando Chavarría, un izquierdista legítimo, líder del Congreso local y futuro gobernador.

¿Quién le retiró la escolta a Chavarría? El entonces gobernador Zeferino Torreblanca, enemigo político de Armando y uno de los responsables directos —junto con el alcalde priista de Acapulco, Manuel Añorve, y la mediocre actuación del recién electo Ángel Aguirre— de la descomposición política, social y de seguridad que hoy vive Guerrero.

Desde el asesinato de Armando Chavarría, Guerrero se transformó en un gobierno fallido, incapaz de garantizar la seguridad a cualquiera: desde a su futuro gobernador hasta al más humilde ciudadano.

Después, Los Pelones hicieron suya la plaza de Acapulco y aparecieron las decapitaciones.

Inseguridad absoluta: de ciudadanos muertos en balaceras, a pleno día, entre grupos criminales, hasta desaparecer y matar a michoacanos inocentes.

De la inseguridad se pasó al virtual toque de queda nocturno en el puerto.

Hoy, la ejecución del diputado Villanueva y la de tres maestros en la sierra se suma al infortunio guerrerense.

“Vamos a reforzar la seguridad en Guerrero”, dijo ayer Blake Mora.

¡Ay, secretario! Demasiado tarde.

Guerrero se jodió.

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