Policía y prestigio social
Es una de las figuras de autoridad que provocan más rechazo y desconfianza, a pesar de ser la responsable de la seguridad. Muy lejos de ser un modelo aspiracional para nadie, es una profesión poco respetada y vituperada como mostró el escándalo de agresión a dos agentes por las llamadas Ladies de Polanco.

José Buendía Hegewisch
Número cero
Entre las aspiraciones del Secretario de de Seguridad Pública del DF, Manuel Mondragón, esta devolver a la policía el reconocimiento que tuvo cuando apareció en cintas clásicas como A toda máquina, con Pedro Infante y Luis Aguilar. La película presentaba en 1951 la historia de amistad entre dos motociclistas de tránsito que se destacaban por su servicio a la comunidad. Ciertamente, un modelo bastante idílico ya en aquella época, pero que hoy repetirlo sería un fracaso de taquilla.
Desde entonces, la policía se ha precipitado en el desprestigio social. Es una de las figuras de autoridad que provocan más rechazo y desconfianza, a pesar de ser la responsable de la seguridad. Muy lejos de ser un modelo aspiracional para nadie, es una profesión poco respetada y vituperada como mostró el escándalo de agresión a dos agentes por las llamadas ladies de Polanco”. En varios estados hay déficit de policías porque los jóvenes no quieren ingresar a sus filas por la debilidad frente al crimen, el temor a la delincuencia y la marginalidad social de esta profesión.
La marginalidad la expone a servir al crimen más que a los ciudadanos. ¿Cómo responsabilizar de la reacción contra la inseguridad a una figura asociada a anti-valores como la extorsión, que la llevan a estar fuera de la comunidad a la que protege? Si el crecimiento del delito evidencia la debilidad del Estado, la incapacidad para detenerlo demuestra la corrupción policiaca y la fractura con la sociedad.
En efecto, hay una percepción general de que la policía está muy lejos de la gente. Es común que los ciudadanos prefieran recurrir a toda clase de seguridad privadas para cuidarse, incluso, de la propia policía. Este distanciamiento inhibe la participación de la ciudadanía en el combate al delito. También abre el espacio para actividades criminales como la extorsión, cuya incidencia en el país se ha multiplicado en la última década 800 veces.
La separación de la policía respecto a la comunidad prueba la retirada del Estado de su función primaria de proveer seguridad y de la fractura del pacto de la ciudadanía con sus representantes para la protección de derechos y libertades. De este divorcio surge la suplantación de la policía por parte del crimen en la tarea de proveer seguridad. Por ejemplo, en el cobro de protección, derechos de piso y otras formas de extorsión y especie de “impuestos” ilegales que le permiten controlar territorios como a Los Zetas en el oriente del país o en Monterrey, a cambio de “seguridad”.
El Jefe de policía del DF sabe que de no reinsertar a la policía en el tejido social se corre el riesgo de que en colonias como Condesa o Roma se extienda y generalice la hegemonía del crimen, que la extorsión entre a “sangrar” la actividad económica y que tome el control de éstas y otras demarcaciones de la Ciudad de México.
Si bien el DF ha logrado mantener la incidencia del delito en los niveles que había en 2006, también enfrenta el problema de la desvinculación de la policía y de la falta de sentimientos de responsabilidad con la ciudadanía. Por eso la última apuesta de la Secretaría de Seguridad Pública del DF es establecer mecanismos que obliguen a la policía a entrar en contacto directo con los ciudadanos con el programa “cuadrantes”. Éste consiste en dividir a la ciudad en polígonos de vigilancia menos extensos que las anteriores áreas de supervisión policiaca y confinar a agentes en esas demarcaciones. Estos deberán entrar en contacto directo con cada uno de los ciudadanos que habiten o laboren en cada cuadrante, como condición para que puedan reinsertarse en la comunidad.
La fractura del policía con su comunidad es preocupación creciente en la crisis de seguridad del país y se refleja también en esfuerzos por acercar a la ciudadanía a las instituciones y mecanismos de seguridad pública. Otro ejemplo es el de organizaciones civiles que han elaborado y llevado al Congreso propuestas como integrar a ciudadanos en el Consejo Nacional de Seguridad Pública, precisamente para alentar la participación y rendición de cuentas en las acciones policiacas contra
la inseguridad.
Sin contacto ciudadano con la policía es imposible que haya rendición de cuentas. Y sobre todo, sin la existencia de esos vínculos permanecerán cerrados los caminos para recuperar la confianza que alguna vez tuvo el policía de la cuadra, del barrio o de la colonia. Recuperar a esta autoridad es urgente dado que el Ejército por su naturaleza adolece de este vínculo, y hoy en las calles está en riesgo de correr la misma suerte que la policía.
*Analista político