El dolor de tener la razón
Al narcotráfico nadie lo ha podido vencer.Ni el país más rico ni el ejército más poderoso.
Hace tres años, el 19 de septiembre de 2008, en estas hospitalarias páginas de Excélsior, di a conocer mi idea sobre la evolución generacional de la delincuencia. A partir de ello, fui invitado a participar en diversas conferencias y a escribir en varias publicaciones técnicas. La más reciente fue hace un mes.
Lo recuerdo porque me ha dolido tener la razón, cuando supe de la barbarie acontecida en un casino de Monterrey. En mi tesis planteo un esquema gradual de nueve etapas por las que atraviesa la vida evolutiva del fenómeno criminal. Las cinco primeras son la delincuencia tradicional, la corruptiva, la organizada, la transnacionalización y la deshumanización. Allí anunciaba que, entre los años 2009 y 2013 podríamos entrar a la sexta etapa de esta cadena: el terrorismo.
Sin embargo, el dolor no es lo peor sino el miedo de suponer que pudiera acertar en las etapas séptima, octava y novena, para un futuro. Estas son la subversión político-criminal, la politización delictiva y la regencia delincuencial. Estas son el apoderamiento mafioso del gobierno, la empresa, la banca, la comunicación, la diplomacia, la milicia y la universidad.
No sé cómo vaya, por otra parte, la preparación gubernamental frente a eventuales brotes terroristas. Me queda en claro que, en lo que concierne a la ley, el tema ha estado abandonado. Lo digo porque lo he visto.
Hace casi dos décadas, el entonces Presidente mexicano me encargó el estudio y diseño de un proyecto normativo que nos permitiere afrontar dicho fenómeno. Aclaro que, en ese momento, para nuestro gobierno, el asunto era una mera previsión, desde luego muy responsable, pero no llegaba a una suposición ni, mucho menos, a un temor. Sin embargo, acometí la tarea con seriedad.
Para comenzar, fueron seleccionados diez modelos donde los gobiernos hubieren sido exitosos, pero considerando diversas asimetrías idiosincráticas, financieras, tecnológicas e institucionales. En Europa los seleccionados fueron Francia, España, Italia y el Reino Unido. En el Oriente Medio, desde luego Israel. En la América Latina escogimos a Argentina, Uruguay, Colombia y Perú. Por último, Estados Unidos. Todos ellos fueron exitosos y todos ellos fueron prudentes.
Después, diseñamos modelos de tres grados de severidad, como en las enfermedades: tratamiento ligero, terapia media y cirugía invasiva. Previmos la relación indispensable que debiera existir entre una ley facultativa y una tarea de inteligencia. La información sin acción es inútil y peligrosa. La acción sin información es estúpida y comprometedora.
Pero, por obra inevitable del tiempo, ese sexenio terminó y por consecuencia ineludible de la costumbre, ese proyecto se canceló. Desde entonces han pasado cuatro administraciones presidenciales. Yo he estado alejado del tema que, dicho sea de paso, no es de los míos. Me conforta que no se haya necesitado, por lo menos porque no ha existido confrontación política asesina. Pero ahora me inquieta si lo que vimos pueda ser la realización de mi premonición o, por el contrario, un hecho doloroso pero aislado e irrepetible.
También me conforta saber, como ya lo dije, que el terrorismo se puede vencer y lo han vencido. Que la extorsión o racket se puede vencer y la han vencido. Pero todos sabemos que, hasta ahora, al narcotráfico nadie lo ha podido vencer. Ni el país más rico ni el ejército más poderoso. No digo que será invencible a perpetuidad sino que ha sido invencible hasta hoy. Por eso valdría tratarlos y combatirlos por separado y no en una sola cazuela recíprocamente contaminada.
Por último, quiero aclarar que ni en esto ni en cualquier tema me sienta profeta ni adivino. Esas son profesiones hoy muy desprestigiadas. Por el contrario, creo que, en materia de asuntos políticos, al final de cuentas todos tenemos la razón. La diferencia entre unos y otros es que algunos, usualmente, la hemos tenido a tiempo mientras que otros, constantemente, la tienen cuando ya no hay remedio.
Político y abogado. Presidente de la Academia Nacional, A. C.
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