Creel, Lujambio y el Cachuchazo
El vocabulario del senador con licencia es tan escaso como su imaginación

Humberto Musacchio
La República de las letras
Como una reclamación a los miembros del gabinete que buscan la candidatura panista a la Presidencia de la República, Santiago Creel dijo a sus contendientes que “no se valen esos cachuchazos”. Alonso Lujambio, uno de los aspirantes, respondió que él siempre ha sido muy cuidadoso del lenguaje y que esa palabra, “cachuchazo”, no la conoce, a lo que agregó: “Lamento que haya otros que se dedican a inventar palabras que sólo van en detrimento del lenguaje”, lo que dejó a Creel como inventor de lenguaje, elogio exagerado, pues el vocabulario del senador con licencia es tan escaso como su imaginación. El malhadado Diccionario de mexicanismos de doña Concepción Company Company no registra cachuchazo, pero sí cachucha, palabra a la que equivocadamente asigna como primera acepción “Por gusto propio”, lo que es más falso que un billete de tres pesos, pero recoge un significado usual de la expresión “de cachucha”, que es “gratis, a costa de otro”, lo que se oye con frecuencia en lupanares y otros sitios que la señora Company no tiene por qué conocer. Santamaría sólo aporta un significado, ya inusual, de “cachucha” y no dice nada de “cachuchazo”, término que se empleaba en círculos lumpen para hacer referencia a los favores de una sexoservidora cuando éstos eran gratuitos. Después, por extensión, se ha empleado para referirse a otras cosas que se reciben gratis o “de barbas”, lo que no sería el caso de la promoción electoral de los funcionarios, porque las cantidades que se erogan con ese fin no las han recibido de gracia, sino con el interés de sus patrocinadores, o bien se trata de dineros públicos que sufragan viajes y otros gastos de los precandidatos, dineros que tampoco les cayeron graciosamente, sino que disponen de ellos en forma indebida.
Un genio de sólo 16 años
Feliz anda el escritor Héctor Anaya, porque su nieto Andrew Almazán Anaya acaba de titularse como licenciado en sociología por la Universidad del Valle de México, lo que ocurrió cuando el muchacho sólo cuenta con 16 años, y ya se prepara para recibir en un bienio más el título de médico cirujano, lo que, no dudamos, logrará, pues hizo en sólo cuatro meses la segunda mitad de la primaria, cumplió con todos los trámites de la secundaria en poco más de un semestre y en un bimestre presentó a título de suficiencia y exitosamente las 49 materias del plan de estudios del Colegio de Bachilleres. Es, por supuesto, motivo de orgullo tener en la familia un genio, pero son obvios los peligros que corre cuando ha tenido tanta exposición pública, especialmente en este tiempo, en que la delincuencia se ha enseñoreado del país y el Estado es incapaz de garantizar la integridad de las personas y de su patrimonio. No es necesario decir que para cualquier mafia sería muy útil contar con un cerebrito de esa magnitud.
Obras teatrales muy longevas
Después de casi dos décadas de representar El contrabajo, de Patrick Suskind, bajo la dirección de Nathan Grinberg, Ari Telch se despidió ante un público de 800 personas, que abarrotó el teatro Wilberto Cantón. Se dice pronto, pero no cualquier obra se mantiene en cartelera durante 19 años. Hay en el mundo piezas dramáticas que son casos de una extraordinaria longevidad, pero siempre resultan excepciones en un mercado que busca y consume la novedad. En Londres se puso durante más de un cuarto de siglo una obra de Agatha Cristhie, La ratonera, y acá, en Mexicalpán de las Garnachas, hizo época el Diario de un loco en la magistral interpretación de Carlos Ancira. En otro plano, también es de destacarse una obra que hizo época en el teatro de revista: Cada quien su vida, de Luis G. Basurto, que se empezó a representar en la segunda mitad de los años cincuenta en el teatro Lírico y que, salvo breves intervalos, estuvo en escena durante más de 20 años, fue adaptada para el cine y, producto de su popularidad, ha motivado parodias, chistes y refranes.
Poesía de Alfredo R. Placencia
El Fondo de Cultura acaba de editar la Poesía completa de Alfredo R. Placencia, sacerdote que produjo buena poesía, tan buena que cuanta entre sus lectores más conspicuos a Hugo Gutiérrez Vega y José Emilio Pacheco, quienes no escatiman elogios para la obra de este poeta jalisciense, cuyos libros eran de circulación muy tacaña. Ahora, por fortuna, aparece en grueso volumen toda la producción lírica del hombre de Jalostotitlán, con prólogo de Ernesto Flores, quien agradece a Jorge Romero Orozco el haber sido “adjunto imprescindible en esta investigación”, y a María Luisa y Cuauhtémoc Vite, “el rescate de esta obra olvidada”. Ernesto Flores refiere las penalidades que pasó Placencia para asistir al seminario y ordenarse sacerdote y, ya en el ejercicio de su ministerio, las penalidades que debió afrontar durante los años de la guerra cristera, cuando ya el poeta había entrado con paso firme en el mundo literario, pues fue en 1924 cuando publicó en Barcelona su primera obra: El libro de Dios. Tan contundente iniciación no evitó que Alfredo R. Placencia fuera un fantasma que deambulaba en la conversación culta sin que su poesía estuviera a la mano. Bien por el FCE que nos da en un volumen esa obra tanto tiempo ausente.
Breviario…
El Centro de Difusión de Ciencia y Tecnología del Instituto Politécnico Nacional otorgó un reconocimiento a La oveja eléctrica, programa en el que José Gordon despliega su sapiencia y enfrenta a los espectadores con paradojas bien conocidas de la ciencia. *** República del aire. El águila contra la patria en extinción, se llama la exposición de Carmen Parra, que se inaugura mañana en la Casa del Lago. Los textos son de Vicente Quirarte. Tal vez hubiera sido más propio hablar de El águila contra la extinción de la patria. *** Los escritores del crack siguen recogiendo premios. Ahora le tocó a Ignacio Padilla el premio La Otra Orilla, que otorgan Editorial Norma y Proartes, por su novela El daño no es de ayer. *** La agencia Notimex informó en la semana del homenaje que se le rendirá a José Agustín en Acapulco, Guerrero, que según la agencia es la “tierra natal” del autor de Abolición de la propiedad. Pero no hay tal. Agustín nació en Guadalajara, Jalisco, en 1944. Fue un tanto por casualidad, pues su familia es guerrerense por los cuatro costados. Pero así fue el asunto.