¡Ojo, don Javier!

Admiro cómo convirtió ese dolor en una fuerza que lo lleva a mover las conciencias de miles de mexicanos.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

De entrada, don Javier Sicilia, quiero decirle algo que ya escribí en este espacio: no puedo imaginar el dolor que tiene un padre cuando pierde a un hijo, en especial en la forma como usted lo perdió; me cuesta entender esa mezcla de dolor indescriptible, desesperación, rabia, ira, que usted ha vivido desde aquel momento en que le informaron su muerte.

Quiero decirle también que admiro cómo convirtió ese dolor en una fuerza que lo lleva  a mover las conciencias de miles de mexicanos que estamos hasta la madre de lo que ocurre, y sin disparar un tiro ha llegado a donde nadie había llegado antes.

Pero vayamos por partes, porque quiero decirle que su movimiento siendo legítimo y loable, desde el principio está contaminado, y lo que se inició como un grito de dolor puede terminar siendo un espectáculo mediático y nada más.

¡Ojo, don Javier!, porque en la primera marcha el 5 de mayo, de Cuernavaca a la capital, junto con personas que estaban con usted por solidaridad o por haber perdido a un ser amado, se comenzaron a infiltrar los macheteros de Atenco, grupos de choque y hasta mensajeros del EZLN, (por cierto, su lema, Paz con Justicia y Dignidad es el mismo de los ezelenitas, ¿coincidencia?); al llegar al Zócalo, sus palabras de dolor, sus demandas de un cambio  estuvieron mezcladas con exigencia de que “cesara al secretario de Seguridad Pública”, que por supuesto fueron coreadas con gritos: “Muera Calderón”.

¡Ojo, don Javier!, porque en su movimiento algunos ministros y vocero de la teología de la liberación se infiltran, y siguen hablando con mala leche, de  “la guerra de Calderón”, y en el colmo de la insensatez, el sacerdote Alejandro Solalinde dijo el 7 de agosto: “Quiero pedir públicamente perdón a Los Zetas, perdón a todos los delincuentes y a todos los hermanos porque nosotros les hemos fallado, antes que violadores, son víctimas de una sociedad enferma que no supo darles valores”(sic).

¡Ojo, don Javier!, porque después de las reuniones en el Castillo de Chapultepec en las que se dijo lo que se tenía que decir y se ofreció lo que se podía ofrecer, sus desplantes y berrinches a no querer reunirse con los legisladores y llamarlos “traidores” va contra la esencia misma de su movimiento; ¿quién lo azuzó?

¡Ojo, don Javier!, porque esos desplantes muestran inestabilidad emocional, pero sobre todo desconocimiento de las leyes, y no se puede acusar a los legisladores —que ciertamente han sido omisos y remisos en crear las leyes que necesitamos— de lo que usted no sabe; ¡Ojo!, porque creo que don Emilio Álvarez Icaza lo puede asesorar para que no cometa esos errores y otros más, como decir que “todo es culpa de Estados Unidos”.

¡Ojo, don Javier!, porque la convocatoria “un peso por la paz” es, en el mejor de los casos, una ocurrencia fútil, que se antoja incongruente ya que hace unas semanas usted pudo movilizar decenas de autobuses por todo el país, ¿quién los pagó?, ¿“un peso por la paz”?

¡Ojo, don Javier!, y en lugar de exigir que el Ejército salga de las calles, que renuncien funcionarios y que se desmantele el gobierno, en lugar de repartir culpas a diestra y siniestra, valdría la pena que leyera la propuesta que hacen la UNAM y el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional: Elementos para la Construcción de una Política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia, y que presentaron Jorge Carpizo y José Narro hace unos días.

¡Ojo, don Javier!, si este movimiento se politiza, fracasará.

        *Médico y escritor

        raalvare2009@hotmail.com  

            www.bienydebuenas.com.mx

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